Además:

Rompan filas

2008/08/05

La consecuencia de fragmentar aún más a los partidos

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Las palabras más oídas últimamente sobre el Congreso son 'tránsfuga’, 'traidor’, 'desleal’, 'desertor’ y 'corrupto’. No es que estén pasando lista, como suelen contar 'Los chistosos’, sino que la elección de la Mesa Directiva dejó una sensación de náusea no solo en varios parlamentarios, sino en la mayoría de la población. El motivo es que, durante las últimas semanas, el Congreso se convirtió en un mercado persa entre los que querían vender su voto y los que estaban de shopping, siendo la moneda más frecuente la prebenda siempre disponible en el poder. Es una lástima que el Apra, cuya bancada funda su fuerza en la disciplina de sus miembros –lo cual es una característica básica de un partido político maduro y, al mismo tiempo, un requisito elemental de una democracia–, se haya dedicado a (co) romper la débil cohesión del resto de agrupaciones en su afán por retener, por tercer año consecutivo, la Presidencia del Congreso. Al final lo lograron, pero el costo puede ser el de una victoria pírrica, pues lo que han conseguido, además de imponer a Javier Velásquez Quesquén en el trono de la Plaza Bolívar, es fragmentar aún más el Parlamento, debilitar la democracia y –pronto se darán cuenta– hacer mucho más difícil de gobernar el Congreso. Unidad Nacional terminó de partirse entre el PPC y Solidaridad Nacional. Mientras que UPP acabó de astillarse entre un sector que intenta mantener, con decencia, el perfil político con el que llegó al Congreso, y otro que insiste en ser una agrupación de 'damas de compañía’ que se ofrecen en subasta al mejor postor, en cada elección, la cual fue la que se acabó levantando el Apra en la reciente elección parlamentaria. Al mismo tiempo, el daño político para el gobierno de su cada vez más evidente relación con el fujimorismo es fuerte y refleja, entre otras cosas, que, para el Apra, el fin justifica los medios. Cualquier medio. El Apra puede pensar que ganó, pero lo que debería interesarle es la estabilidad política del país. Esto pasa por contribuir a que los partidos sean más sólidos y no, como en esta ocasión, con el auspicio del gobierno, a que sean el reino del tránsfuga. Desde la Base Naval, Vladimiro Montesinos debe estar, con una sonrisa, mirando a los pupilos.