Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Tanto repitió el presidente Alan García que en el Perú no hay oposición política –sino solo periodistas–, que comenzando el tercer año del gobierno sus contendores se han puesto las pilas para golpearlo donde más le duela. La más reciente confluencia de intenciones de la oposición, no obstante lo variopinto de sus ideas, ocurrió el viernes en el Congreso, cuando la bancada oficialista se quedó sola en la votación que derogó las leyes de la selva, y fue apabullada por 66 votos. Curiosamente, el mismo número que los nativos de la Amazonía quieren restablecer, como porcentaje, para decidir la venta de sus tierras. “Dios los cría y ellos se juntan”, comentó el premier Jorge del Castillo sobre la posición de Ollanta Humala, Alejandro Toledo, Keiko Fujimori y Lourdes Flores en el lío amazónico. Tres de ellos –Humala, Flores y Toledo– coinciden en darle al presidente García donde más le puede molestar, y lo llaman 'el presidente de los ricos’. La respuesta vino el viernes, desde Chiclayo: “creen que para ser presidente de los pobres hay que insultar a los inversionistas, yo ya hice eso y no funciona”, reconoció el mandatario. Desde que el Evangelio dijo que le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios, el mote de defensor de los ricos es el peor que le pueden clavar a un político. Pregúntenle a Lourdes Flores. Pero incluso hace daño en un país como Estados Unidos, donde Barack Obama y John McCain se han estado 'acusando’ de ser ricos. El republicano no sabe cuántas casas tiene –“creo que al menos cuatro”–, y el demócrata pasó sus vacaciones a todo meter en Hawai. Por su parte, en los predios apristas creen, como acaba de decir Javier Velásquez Quesquén, que “el fujimorismo es una oposición constructiva” –entre otras cosas porque construyeron su camino a la Presidencia del Congreso–, pero igual están marcando algunas diferencias. Keiko Fujimori, por ejemplo, recordó la semana pasada que, en el gobierno de su papi, no había apagones ni inflación, otro ángulo que también daña al gobierno. No hay duda. La oposición se ha despabilado, y elevará la presión durante los próximos tres años. No estaba muerta, sino solo de parranda.