Además:

Un rey casi republicano

2008/10/28

La España de ayer y de hoy y cuánto suma en esta transformación la presencia y figura del rey Juan Carlos de Borbón. El autor nos da un alcance de ello.

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Si se compara ideas, actitudes y trayectoria con la de sus abuelos conservadores y oligárquicos, Juan Carlos difiere mucho de ellos, asociados a la España encerrada y autocomplaciente que Machado describió como “esa España inferior que ora y bosteza” y que “embiste cuando se digna usar de la cabeza”. Aunque en sus ideas de cambio lo anticipó su padre, que no pudo reinar, porque la dictadura lo impidió, y que era un hombre de avanzada. La monarquía española había sido por siglos el envoltorio de un mundo anacrónico y mediocre y, por eso, en los 30, cuando los conservadores perdieron unas elecciones municipales, el abuelo se fue y se instaló la República, ese régimen que entonces fue plenamente legítimo y contra el que se sublevó el fascismo español, aliado del alemán, del italiano y del dinero. Y por eso cuando, cuatro décadas de dictadura después, Franco quiso que a su muerte se restituya en España una parodia de monarquía que cobijara un Estado militar como había hecho el abuelo Alfonso XIII con el dictador primo de Rivera (a quien él llamaba “mi Mussolini”), pocos españoles esperaron algo bueno de un regreso al pasado. Juan Carlos, educado por Franco desde los 17 años, parecía un monigote y se contaban sobre él, en los 70, chistes irreverentes tratándolo de tonto. Esas suposiciones se equivocaron categóricamente pues Juan Carlos resultó notablemente inteligente, tanto así que reencontró la monarquía con el país. Cuando muere Franco y Pinochet fue a despedir ese cadáver que para él y para tantos era inspirador, ningún jefe de Estado europeo democrático quiso acudir a España hasta que no se lo llevasen. Lo echaron. Y el primer discurso del nuevo rey sorprendió a todos e inspiró otro futuro. Aunque estuviese pendiente aún desamarrar ese legado dictatorial que Franco había dejado “atado y bien atado”. Esa historia se conoce y no solamente incluye el desmontaje del golpe de Estado de Tejero, alentado por quienes habían educado a Juan Carlos por encargo de Franco. Sigue y se renueva porque España tiene tela que cortar después de que un centralismo abusivo negó la diversidad natural e histórica de un territorio históricamente poblado de diferencias. Sigue Juan Carlos alentando una España plural y, hoy, los conservadores (los monárquicos de toda la vida) no lo quieren, empezando por el actual jefe de la Iglesia Católica, un cardenal Rouco que es un dinosaurio purpurado. Quien retrocede la historia ya que, al final de Franco, la Iglesia jugó un papel notablemente democratizador. Recuerdo que en las paredes había pintas fascistas amenazantes que decían “Tarancón (era el cardenal de entonces) al paredón” El significado hoy acumulado por Juan Carlos se parece y lo acerca, paradójicamente, al del pensamiento laico abierto y republicano de los 30. Ese que dio a Ortega y Gasset, a Bergamín, a Machado, a Lorca, a Pau Casals, a Picasso, a Buñuel, a Pedro Salinas, a Cernuda… a una España de la cual sentir orgullo y no vergüenza. De cuando España era parte del mundo vivo de ideas y arte, y no la parodia mediocre de sí misma que fue 40 años cuando Franco la sumergió en formol y sermones, “en cerrado y sacristía”, como también, y tan bien, dijo Machado. Ha reinventado la monarquía para que represente a la España verdadera plural y rejuvenecida. Reencontrada con su diversidad. Humanista, plural, laica, libre, próspera. También deportista y, por fin, futbolera con valores propios y no solamente comprados. En vez de que sus íconos sean obsesiones de un pasado nacarado, hoy pueden ser figuras vivas y tangibles Nadal y Almodóvar, Paco de Lucía, Serrat y Sabina (antes el Camarón), Pérez Reverte, Juan Goytizolo o Savater, Carreras y Plácido Domingo, Nuria Espert, Monserrat Caballé… Y hasta un tal Juan Carlos de Borbón acertando contra el protocolo con ese merecido “por qué no te callas” espetado a un dictador no tan distinto de Franco. Bienvenido.