Además:

Retos y desafíos de un maestro en el siglo XXI

2005/11/28
Compartir

Constantino Carvallo ha publicado Diario Educar. Tribulaciones de un maestro desarmado. El educador dialoga consigo mismo sobre su experiencia y se anima a contar su verdad. Constantino Carvallo afirma que nunca pensó que sería profesor. Dice que la culpa es en parte de la casualidad y, quizás, de una necesidad inconsciente de dar al niño un ambiente distinto de aquel en que él creció. Cree haber construido ese espacio en el colegio privado que dirige, Los Reyes Rojos, en Barranco. Y nos cuenta su verdad en el libro que acaba de publicar: Diario Educar. Tribulaciones de un maestro desarmado. Que la mayoría de los maestros no están preparados para educar es una verdad que Constantino Carvallo afirma haber comprobado una y otra vez. Y no se cansa de repetir que el problema es que solo se busca cumplir un currículum y no se considera al alumno como persona, con sus diferencias, con sus necesidades. Y reconoce que no es fácil que haya una comunicación sincera del maestro con el alumno. En su libro habla de un trato humano entre ambos, pero a la vez critica que haya demasiada cercanía. Constantino Carvallo se opone a que el docente renuncie a su rol de adulto y a su autoridad, porque lo que el niño está esperando de él es su comprensión desde su posición de adulto. Los recuerdos de infancia de Constantino Carvallo no son gratos. Cuando él estaba en primaria, los profesores usaban la regla para que uno aprendiera, jalaban las orejas, metían cocachos. Daban miedo. Aunque él asegura que no quiere repetir esos errores, admite que, en los primeros años, se ha sorprendido cometiéndolos, que no ha sabido manejar la desobediencia de una manera amigable, que se ha dejado llevar por su propia violencia. por vocación. Este profesor se ha sentido cansado alguna vez y ha tenido la tentación de renunciar. Pero explica que no lo hizo "por esas razones misteriosas que hacen que una persona haga lo que hace". Y si se habla de fórmulas para que haya mejores docentes, asegura que no las hay. Sin embargo, recomienda que se les aumente el salario porque, en el Perú, no se puede vivir con 600 soles al mes. Y es más duro aún, que la mayoría de los educadores de ahora no tienen vocación y que eligieron la carrera porque no les quedaba otra. Constantino Carvallo ataca con todo. Opina que en este momento ir a la escuela pública no se justifica, porque no es un factor de movilidad social, porque no es cierto que el que estudia, triunfa. Y el maestro se despide. Debe atender a un alumno, a uno de los tantos con cuya existencia ha decidido cargar.