Además:

Resguardar al otro beneficia a todos

2008/08/31
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Si una persona –o un país– se limita a acumular riqueza, sin preocuparse de desarrollarse culturalmente, estará condenado a ser un pobre de espíritu. Pero desarrollarse culturalmente puede tener una infinidad de significados. La novela Las Benévolas, de Jonathan Littell, por ejemplo, narra la historia de Max Aue, un alemán ilustrado, lector de Blanchot y amante de la música de Couperin, cuyo trabajo es el de un oficial de las SS dedicado a mejorar la eficiencia de los campos de concentración nazis. No obstante, si tuviéramos que encontrar un mínimo común denominador para designar el desarrollo cultural que necesitamos, este sería el reconocimiento del otro y sus derechos, con los deberes que ello implica, en una sociedad democrática. En una semana ensombrecida por la barbarie fujimorista en el acto de memoria ante el monumento 'El ojo que llora’ (cuyo nombre no me gusta por sus connotaciones lastimeras, pero me identifico con el sentido del lugar y respeto la voluntad de quienes así decidieron nombrarlo), en un eco siniestro a la barbarie terrorista y de parte de las FF.AA., podríamos centrarnos en este reiterado fracaso ante el desafío de integrarnos como nación de ciudadanos en pie de igualdad. Pero otros ya lo han hecho en estos días, y el informe de la CVR prevalecerá como uno de los documentos más relevantes de nuestra historia por las dolorosas verdades que contiene –la fuente de las resistencias que genera– y su evidente buena fe, más allá de lo discutible que siempre hay en una propuesta que integra experiencias e interpretaciones (sin olvidar que para discutirlo hay que leerlo). Felizmente, otras situaciones demuestran que se puede crecer no solo en términos macroeconómicos. Es lo que ha sucedido con la ordenanza 294-MM de Miraflores, exigiendo que los locales públicos no discriminen la entrada y coloquen un cartel que diga: “En este local y en todo el distrito de Miraflores está prohibida la discriminación”. Otros distritos lo han precedido (San Miguel y Magdalena, en Lima, Arequipa, Camaná e Islay en Arequipa, Junín, Lambayeque, Abancay y Ayacucho), pero la concentración de negocios marcados con el sello de la exclusividad hace de esta una comuna emblemática. Por eso, esta ordenanza es un hito que hay que seguir con atención. Si se cumple, multando y clausurando a los infractores, el impacto será extraordinario. Sigue siendo una práctica cotidiana impedir la entrada a personas cuya tez, facciones o vestimenta no encajan con el estereotipo racista con el que los dueños anhelan blanquear sus establecimientos, incluso contra la lógica del interés económico. Es un gran paso, y hay que subrayarlo, en el proceso de integración y reconocimiento, sin el cual ninguna inversión nos sacará del atraso y la miseria en su sentido más vasto. Por otro lado, en un artículo de Pamela Montes en la revista Somos # 1134 se destaca el caso de la empresa de seguridad J&V Resguardo, cuyo éxito radica en la consideración con que trata a su personal. No veo mejor coaching que el ejemplo de los hermanos Javier y Pablo Calvo Pérez. Reconocer al otro y tratarlo con dignidad, incentivándolo con programas como “Mejorando mi casa”, “Compartiendo tu invierno” o “El sueño de tu hijo”, yendo a contracorriente de la discriminación –hay un porcentaje de personas discapacitadas y los 5,000 trabajadores están en planilla–, máxime cuando mi prosperidad proviene de su trabajo. Dos gotas de agua en el océano de nuestras inequidades, pero con un formidable potencial transformador.