| Dom. 26 ago '07

El regreso del Todopoderoso

El establecimiento del Fondo de Reconstrucción del Sur (Forsur), a cargo del empresario Julio Favre, debe marcar el inicio de un programa ordenado para enfrentar los severos daños ocasionados por el terremoto. Pero, también, un proceso de reflexión del presidente Alan García sobre su manera de ejercer el cargo.

Forsur no debería ser una entidad que replique los errores observados en los últimos días en la gestión del gobierno en relación con el manejo de la emergencia.

Más que un zar de la reconstrucción, una denominación que tiene connotaciones dictatoriales, lo que forzosamente se necesita ahora es un gran coordinador de esfuerzos entre los ministerios y las autoridades regionales y locales con el fin de canalizar recursos y voluntades a favor de las zonas afectadas por el desastre.

El que su director actúe ad honórem no lo debería eximir de las responsabilidades propias de una entidad pública como sin duda es Forsur, ni de estar sujeto a la evaluación de su transparencia por parte de organismos como la Contraloría General de la República.

En dicho contexto, es inconveniente que Forsur esté adscrito a la Presidencia de la República porque este necesita un responsable político de la eficiencia y de la transparencia de su gestión. Constitucionalmente, el jefe de Estado no puede serlo. Por ello, esta nueva entidad debería estar bajo el ámbito de la Presidencia del Consejo de Ministros.

La insistencia en que Forsur tenga una dependencia directa con Palacio de Gobierno convertiría al presidente de la República en su responsable principal, y ya se han visto en los últimos días los inconvenientes de un mandatario que se considera infalible, que cree que cualquier cuestionamiento a su actuación es herejía, y que carece de la humildad suficiente para aceptar que una crítica a la manera cómo se desempeñó durante la crisis puede tener un sentido de contribución y no de destrucción.

La pretendida omnipresencia de la actuación presidencial, que anula al resto de autoridades, podría debilitar al propio mandatario y al sistema institucional.




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