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¿Reforma o revolución en la política?

2010/02/04
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Como la política es la señora decrépita en el Perú, se ha convertido en un deporte nacional pegarle al político como un saco de arena. Los golpes tienen diversa intensidad: desde justificados cruzados hasta proclamas revolucionarias que anuncian la decapitación de testas públicas y de todo el orden existente. Se trata de los llamados antisistema que, en el Perú, ya tienen apellido de derecha y de izquierda. En América Latina, la moda del antisistema ya tiene algunas décadas y también viene con nombres diestros y siniestros: Fujimori, Chávez, Correa y, dependiendo de si se lanza o no a la reelección, Uribe en Colombia. De negarse a la reelección, el caso colombiano se convertiría en una de las pocas experiencias antisistema que desemboca en afirmaciones democráticas. ¿Qué ha producido el antisistema en el Perú? Sus hijos legítimos son Fujimori y Ollanta Humala y, en ambos casos, las credenciales democráticas están en cuestión, más allá de que los noventa haya sido la década de la reorganización económica y social del país. ¿A qué viene todo esto? Cuando uno ve la baraja de candidatos que encabezan las encuestas ( Castañeda, Keiko, Humala, Toledo y Lourdes), siente que las cosas están mal, que se requiere un cambio y que, súbitamente, el outsider aparecerá barriendo con la somnolencia de los líderes. Sin embargo, si nos detenemos en medio del vértigo y miramos a los costados, ¿qué encontramos? Un vacío inconmensurable. Si consideramos que Humala es la representación del proyecto bolivariano en el Perú, ¿qué hay más allá de Castañeda, Toledo y Lourdes? ¡Por favor, que alguien responda con seriedad! A menos que estemos obnubilados por las anteojeras ideológicas, la respuesta será que no hay nada nuevo bajo el sol, que estamos fritos y que debemos contentarnos con lo que tenemos. De lo contrario, se abrirá el espacio para la palomillada y la aventura. Alguna vez, Estados Unidos e Inglaterra también enfrentaron propuestas que planteaban quemar todo lo que estaba de pie y se debatieron entre la reforma y la revolución. Bueno, pues, optaron por la reforma, por trabajar con lo que tenían, y se negaron a jugar al borde del abismo. Los resultados están claros: dominaron todo el siglo XX. Los países que se encaminaron por la revolución se desbarrancaron y perdieron toda la centuria. De una u otra manera, en el Perú ya estamos vacunados contra el apedreo sin propuesta: hemos sufrido uno de los regímenes soviéticos más impresionantes de América Latina, hemos tenido una de las guerrillas más letales del mundo, una de las hiperinflaciones que se estudia en las maestrías de Occidente, y ya hemos tenido antisistemas de derecha, de izquierda y de arriba y de abajo. No hay, pues, espacio para el precipicio.