Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
El diluvio en Cusco, Machu Picchu y Aguas Calientes debe llamar a reflexión. Las pérdidas económicas serán millonarias, no solo en infraestructura física, sino en recursos que se dejaran de recaudar y en divisas que no llegarán al Perú. El turismo se verá afectado. Esto pone en evidencia no solo la alerta para Defensa Civil y la prevención de los desastres, sino la necesidad de que el turismo tenga un plan maestro para lograr su efectiva descentralización. Hay que conservar a Machu Picchu como ícono, pero hay que ser, cada vez, menos dependiente de ese destino. No solo el turismo está sufriendo; también los agricultores de subsistencia y los pequeños negocios que giran alrededor de estos sectores. Se deben activar los mecanismos de promoción e imagen vía una agresiva campaña de Promperú. Es necesario solucionar la problemática de la ubicación de Aguas Calientes, que está en una trampa mortal, en la ruta de los huaicos y aludes. Los desastres naturales seguirán ocurriendo periódicamente; por algo los incas se ubicaron en las alturas. Aguas Calientes debe ser reubicado, se requiere de una decisión política. El turismo debe ponerse los pantalones largos.