Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Ipsos-Apoyo difundió el fin de semana su última encuesta nacional (El Comercio, 20.7.08). En ella, la pregunta “¿Está Ud. orgulloso de ser peruano?” es contestada con un “Sí” por 91% de las personas interrogadas en 16 ciudades del país. Buena señal. Sin embargo, las razones principales de este orgullo dejan un cierto sabor a “falta algo”. Apelando a las respuestas múltiples (cada encuestado puede mencionar varias razones), Apoyo encuentra que el primer motivo de orgullo son “los recursos naturales” (49%), el segundo “Machu Picchu” (48%) y el tercero “la historia” (44%). Harto pasado y “gracia de Dios”, por calificarlo de algún modo. Por cierto, es probable que Machu Picchu y la historia a la que se hace referencia tengan mucho en común; difícilmente tenga que ver con la época republicana o la colonial. Es decir, se trataría de una identificación con la historia pretérita, aquella que, contradictoriamente, muchos peruanos no reconocen como ligada al presente vía, por ejemplo, sus compatriotas quechuahablantes. En cuanto a los recursos naturales, es evidente que para existir no requieren la creatividad ni el trabajo humano. Aunque la respuesta puede contener el momento en el que algunos son puestos en valor por la inversión y el trabajo, se trasluce más la idea de que el país está sentado sobre un banco de oro. La cuarta razón de orgullo es “la cocina/la gastronomía” (40%). Esto sí que combina la creatividad de los peruanos con el gusto por comer bien y el boom mediático-empresarial que ha alcanzado la comida nacional, en buena parte gracias a la visión integradora, las dotes comunicacionales y la generosidad para reconocer las virtudes ajenas de chefs como Gastón Acurio. En quinto lugar están “los paisajes naturales” (35%) que, sin duda, los hay muy bellos, pero que de por sí tampoco implican mérito para los habitantes de un país. La novedad, quizá, es que ahora hay más personas dispuestas a “descubrirlos”, así como algo más de conciencia respecto del desafío de hacerlos conocer a propios y ajenos sin que esto signifique exponerlos a la depredación. Dos detalles dan la sensación de que a este orgullo de ser peruano le falta su sal y su pimienta: por un lado, hay mucho de reconocimiento externo; como si no fuera posible reconocer los méritos propios mirándose al espejo, sino que hubiera que apelar al reflejo de lo peruano que se celebra en el exterior: el pasado grandioso, los recursos naturales, los paisajes, la comida, algo que se puede resumir en “me pongo un chullo después de que se lo ponga un gringo”. Y por otro lado, tampoco aparecen características colectivas como la capacidad de emprendimiento, la solidaridad o cualquier otra similar. No se trata de enorgullecerse del “pueblo”, sino de encontrar líneas comunes de comportamiento entre connacionales en las cuales reconocerse y de las cuales alegrarse. Pero claro: quizá es, simplemente, que todavía no existen.