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Rebelión en la cocina

2009/05/25
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Como no puedo dejar de ser justo con los militares que, airadamente, me han reclamado mi parcialidad con los políticos en referencia a mi artículo anterior, he aquí algunas líneas sobre ellos. Hace muchísimo tiempo un, en ese entonces, ya veterano líder histórico del APRA, hoy difunto, comentaba en una reunión social, con cierta amargura, cómo su partido había caído bajo. Eran los tiempos en que Haya de la Torre se moría justo hace treinta años y Jorge Idiáquez, su secretario personal, hacía y deshacía delfines, alfiles y peones en el primer partido del Perú. Don Jorge se había convertido en la eminencia gris del APRA. Como tenía las llaves del lecho del moribundo, nadie entraba si él no lo quería y, así, por ejemplo, Luis Alberto Sánchez se quedó en la cola. El poder de Idiáquez era incontestable entonces y todo el que quería tener posibilidades en el partido a la muerte del “Jefe”, antes de despedirse de Haya tenía que saludar a Idiáquez. Por supuesto que, el veterano líder histórico que contaba esta historia jamás se le pasó por la cabeza acudir a semejante besamanos. Y la razón era muy simple. Era, y doy fe de ello, demasiado señor para rendirle pleitesía a quien, según él, Haya mandaba a comer en la cocina. Porque, en efecto, cuando Haya asistía invitado por los grandes señores del Perú de entonces a conversar sobre política en elocuentes cenas hoy irrepetibles, se hacía acompañar de Idiáquez al que, con un distraído gesto de mano, hacía desfilar a la cocina. Ese era para Haya el nivel político de Idiáquez. De esta cocina, sin embargo, como una cruel venganza del destino, salieron después del consabido besamanos y padrinazgo de Idiáquez, los herederos apristas de hoy. ¿Algún gran filósofo? ¿Algún gran científico? ¿Algún gran artista plástico? ¿Algún gran cineasta? ¿Algún gran economista, quizás? ¿Por lo menos, algún gran jurisconsulto? ¿Aunque sea, algún gran hombre de letras? ¿Alguna gran generación política (exceptuando a García)? Nadie que sea “grande”, en verdad, milita en el APRA de hoy, y vaya que el APRA tuvo grandes personajes en su época. Solo quedan, como herederos de Idiáquez, las medianías duchas en el toma y daca. Y si esto es el APRA, el partido político más importante del Perú, imagínense ustedes qué será de los otros, digo yo. Sin embargo, no vaya a creerse que yo menosprecio la cocina. Creo que el fracaso de los políticos salidos del fogón es, precisamente, que no saben cocinar. Por eso es que hoy, Gastón Acurio se ha convertido en una promesa política, con primeras planas y todo. Y que Vitocho García Belaunde, radiante, lo proponga para alcalde de Lima, solo demuestra la broma de la política de hoy. Porque Gastón, valgan verdades, tal como van sus platos, hace rato que está para presidente.