Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Martín Tanaka ha escrito esta semana un interesante artículo sobre la derecha peruana. En Desafíos del liberalismo en el Perú, el doctor Tanaka sostiene que, afortunadamente, la derecha peruana parece estar cambiando. Según él, el liberalismo político está sentando, por fin, sus reales en el pensamiento de varios actores de ese espacio político. Esto a raíz de variadas opiniones de personalidades de la derecha sobre la procedencia de un “Museo de la Memoria”. No sé si en lo de liberal, pero respecto al cambio, lo que Tanaka dice es cierto. Y esto se confirma más aun por la reacción desmedida que han tenido, en reuniones sociales privadas, los que Tanaka llama la “derecha criolla” de conservadores y reaccionarios. Me di cuenta de que algo estaba pasando cuando, en una cena, el pobre alcalde Heresi, que ha ofrecido su distrito como anfitrión del museo, fue sentenciado en efigie por algunos amigos de armadura y escapulario. Prácticamente Heresi se había convertido en un cadáver político. ¿Su pecado? Haberse metido con las Fuerzas Armadas y la Iglesia, contrarias al museo. Y entonces me dije: ¿no será que los cadáveres políticos son, en realidad, estos amigos que, a ojos vista, se están muriendo de miedo? Porque el miedo revela en política el proceso de un cambio. Y en los cambios siempre hay perdedores y ganadores. Por eso, cuando algunos de esos amigos sentenciaron, histéricos, que en el Perú los únicos partidos de derecha son las Fuerzas Armadas y la Iglesia, me quedó más claro que el agua que los perdedores serían ellos. Sino ¿por qué tanta alharaca? Sin duda porque la era de una derecha de rabonas y sahumadores parece estar llegando a su fin, lo que significa la defunción y jubilación política de algunos. Esto no quiere decir que los militares y los curas no tengan simpatía popular. Lo que quiere decir es que la derecha partidaria se está emancipando de los cuarteles y las iglesias, dejando en la farándula política a los que se quedan allí (¿han visto a Álex Kouri en la revista de Magaly o a Donayre en El Especial del Humor?). De este modo, las rabonas y los sahumadores terminarán más como oportunistas electorales que como gente de derecha. Y eso es bueno para la derecha y sus partidos. No porque algunas rabonas y sahumadores no tengan sus méritos intelectuales y personales, sino porque las Fuerzas Armadas y, en menor grado, la Iglesia, han hecho un aporte poco feliz a la política peruana en los últimos cien años. La que sí parece necesitar de uniformados (Humala) y de curas (Arana) es la izquierda. Y terminar de rabona marxista al lado de los sahumadores de Donoso Cortés, eso sí que es una joya dialéctica digna de un museo.