Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Suponiendo una exitosa acción militar de las Fuerzas Armadas, que destruyese las columnas de los grupos senderistas que actúan en el VRAE, ¿puede imaginarse que se resolvería el problema de la violencia en esta zona? Ciertamente, no: las fuerzas de choque se reconstruirían en un lapso relativamente corto. ¿Por qué? Pues porque el enemigo principal en el VRAE es el narcotráfico, no solo ni principalmente un problema regional asentado en Ayacucho o en el Huallaga. Es un problema nacional y, si se quiere, internacional: la cocaína se produce en los valles de la ceja de selva, pero circula por el país, llega a los puertos del litoral y de allí parte hacia los mercados del norte del hemisferio: México y Estados Unidos. Si se toma en cuenta el volumen de decomiso en Colombia, se ve que el Perú se ha convertido en el principal exportador de cocaína del mundo. No se trata de ser pesimista, pero sí de hacer el esfuerzo necesario para caracterizar adecuadamente al enemigo –o a los enemigos– en el VRAE, y precisar cuál es el más peligroso. De acuerdo con la información conocida, el enemigo principal es el narcotráfico, aunque los últimos ataques no sean de su autoría. Los grupos de Sendero tienen sus objetivos, algunos de ellos compartidos con los narcotraficantes. En términos mediáticos podrán ser la misma cosa, pero su capacidad para expandirse, por ejemplo, es muy distinta. De ahí lo peligroso de centrarse únicamente en “Sendero”. En 1988-89 el Ejército, cuando operó en el Huallaga, puso como blanco central a Sendero –no al narcotráfico– y esa vez tuvo razón. Supo distinguir, además, a los productores de la hoja de coca de las firmas de narcotraficantes. Por otra parte, los senderistas del Huallaga y los del VRAE son grupos distintos. Es probable que en el Huallaga la situación esté más tranquila porque la Policía está haciendo bien su trabajo, pero también porque 'Artemio’ y su gente están interesados en otros objetivos: amnistía general, “solución política a los problemas derivados de la guerra” (en concordancia con los seguidores de Abimael Guzmán), distintos a los de 'José’ y su grupo en el VRAE, ya distanciados de la antigua dirección de Sendero: desarrollarse como grupo armado. Finalmente, es un error considerar que solo Sendero –o los varios grupos que reciben esa denominación– puede armar grupos irregulares para enfrentar al Estado. En Colombia, muchos de los grupos paramilitares fueron una creación directa de los narcotraficantes y su poder fue enorme. En México ni se diga: seis mil muertos el año pasado, sin necesidad de grupos subversivos; el fuego y el terror lo ponen los narcos. El Perú no es Colombia ni México, felizmente, pero tampoco está ya en la década de los 1980 ni en la de 1990.