Además:

¿Quién es el dueño del futuro? (III)

2010/01/13
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Conclusiones de Petras sobre lo publicado en el Financial Times: “China no es un país capitalista de excepción. Bajo el capitalismo chino se produce la explotación del trabajo, abundan las desigualdades, los pequeños agricultores se ven desplazados por megaproyectos de embalses y las empresas chinas extraen minerales y otros recursos naturales en el Tercer Mundo sin demasiadas contemplaciones. Sin embargo, China ha creado decenas de millones de empleos en la industria y ha reducido la pobreza con más rapidez, y para más personas, en el lapso más breve de la historia. Sus bancos financian sobre todo la producción. China no bombardea, no invade ni saquea otros países. En contraste, el capitalismo de EE.UU. se halla enfeudado a una monstruosa máquina militar mundial que drena su economía nacional y reduce los niveles de vida del país para financiar sus interminables guerras en el extranjero. El capital financiero, inmobiliario y comercial socava el sector manufacturero y obtiene sus beneficios de la especulación y las importaciones baratas. China invierte en países ricos en petróleo; EE.UU. los ataca. China vende bandejas y tazones para los banquetes de boda afganos; EE.UU. los bombardea. China invierte en industrias extractivas y construye ferrocarriles, puertos, aeropuertos y proporciona crédito accesible. China no financia ni arma guerras étnicas, ni organiza 'revoluciones de colores’ como la CIA. China autofinancia su propio crecimiento, su comercio y su sistema de transporte; mientras que EE.UU. se hunde bajo una deuda de varios billones de dólares para financiar sus guerras sin fin, rescatar sus bancos de Wall Street y apuntalar otros sectores no productivos, mientras que muchos millones de personas permanecen sin empleo”. Petras continúa su análisis: “China crecerá y ejercerá poder a través del mercado, y EE.UU. entrará en guerras sin fin en su camino a la bancarrota y la descomposición interna. El crecimiento diversificado de China está relacionado con interlocutores económicos dinámicos; el militarismo de EE.UU. se ha vinculado a narcoestados, regímenes dirigidos por señores de la guerra, supervisores de repúblicas bananeras y el régimen colonial de Israel. China atrae a los consumidores del mundo; las guerras globales de EE.UU. producen terroristas en el interior del país y el extranjero”. Para finalizar: “China podrá hallarse ante crisis e, incluso, rebeliones de los trabajadores, pero tiene los recursos económicos para darles solución. Estados Unidos está en crisis y puede enfrentarse a una rebelión interna, pero ha agotado su crédito y sus fábricas están en el extranjero, mientras que sus bases militares representan pasivos y no activos. Hay cada vez menos fábricas en EE.UU. que vuelvan a contratar a sus trabajadores. Para ser un Estado 'normal’, habría que cerrar todos los bancos de inversión y las bases militares en el extranjero, y regresar a América. Tenemos que reconstruir una industria al servicio de nuestras necesidades nacionales y vivir dentro de nuestro propio entorno natural”.