Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
A raíz de las filípicas de Raffo y Keiko contra Del Castillo, me preguntaba en un artículo reciente: “¿Se han distanciado realmente fujimoristas y apristas o estamos solo ante un problema particular con Del Castillo?” Y señalaba que el test para saberlo sería la elección de la nueva Mesa Directiva del Congreso: “Con sus trece votos, los fujimoristas inclinarán la balanza a favor del Apra o de la oposición”. Pues ahora ya lo sabemos: sigue la alianza; una vez más, como desde el primer día, los fujimoristas terminan siempre votando con el Apra en lo importante. La diferencia es que ahora juegan, un poquito, a ser de oposición; después de todo el 2011 se empieza a vislumbrar en el horizonte y nadie querrá cargar con el fardo oficialista. Ahora bien, como en el Perú todos negocian debajo de la mesa, cabe preguntar en esta ocasión a los apristas: ¿a cambio de qué consiguieron esos votos? Todo esto corrió paralelo al escandalete que han montado porque una bailarina, en búsqueda de notoriedad, tuvo el mal gusto de fotografiarse calata encima de un caballo cubierto con la bandera peruana. El ministro de Defensa, con celeridad que se le agradecería para mejores causas, la ha denunciado por mancillar los símbolos patrios. Ha dicho, confundiendo virilidad con vulgaridad, “que la bandera no puede usarse como tampax, ni como calzón”. Es imposible no evocar que antes las banderas se lavaban por otras cosas. Que en la Plaza de Armas, en las postrimerías de la dictadura de Fujimori y Montesinos, se lavaban todos los días protestando porque nuestra Patria estaba siendo ensuciada por quienes usurpaban el poder, robaban y mataban. Síntoma de cómo han cambiado los tiempos, son ahora otras las manchas que preocupan. Y, a la vez, no se les mueve un pelo por estar en alianza con ese mismo fujimorismo. En este nuevo ambiente, pocas visitas tan simbólicas como la que en la noche del jueves le hizo el ministro del Interior a Fujimori, quien cumple ya una condena de 6 años y enfrenta juicios por crímenes de lesa humanidad. ¿Puede haber algo más revelador que fuese la cárcel donde se ultimaran detalles del pacto que a la postre definió quién presidirá el Congreso? *RASPANDO, CON 11.* La Universidad de Lima pregunta en su encuesta de Fiestas Patrias sobre la nota que le pondría a la gestión de García. Ello permite una respuesta más precisa que la del aprueba/desaprueba. Veamos lo que arroja. Abajo están los furiosos –que no son pocos (9,8%)– que lo lapidan y le dan menos de 05. Después viene el grupo más grande (40,6%), que simplemente lo jala, con notas que van entre 06 y 10. Lo aprueban, raspando, el 21.5% y le dan una nota razonable –entre 13 y 16– el 23.2%.Los fans de García, los que le ponen entre 17 y 20 son, la verdad, bien poquitos (2,6%). Esto es Lima, y sabemos que en provincias la cosa es bastante más complicada. Por eso, siendo bastante generosos y con un ánimo de Fiestas Patrias, hagamos un poco de la vista gorda a los promedios y digamos que, para la gente, Alan García ha conseguido un 11 en su segundo año de gestión. Le sirve para pasar el año, pero no es como para ir enseñando la libreta a todo el mundo. Un objetivo concreto y modesto –por cierto el mismo que se le exige a los maestros para el nombramiento– sería que para el próximo 28 de julio llegue a una nota 13.