Además:

¿Qué me hiciste, Yolanda?

2009/01/30
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El miércoles pasado, en la nota titulada 'Subdesarrollo mental’, hice indignada alusión a un incidente que se produjo entre la fotógrafa peruana Yolanda Vaccaro y periodistas españoles. Noticias posteriores indican que la información sobre la cual basé mi nota había sido exagerada o deformada. Todo es posible. Sirva este hecho para que yo me excuse y, también, para que todos comprendamos cómo la prensa puede dar, a cualquier acontecimiento, incluso sin mala voluntad y sin proponérselo, la más antojadiza de las versiones. Antojadiza versión que luego se transformará en verdad indiscutible. Basta que algo pueda ser cierto para que uno lo dé como cierto. En los temas políticos y económicos, estas verdades se abren camino y se transforman en la verdad oficial que ocupará, salvo excepciones, el imaginario de la mayoría de los lectores, escuchas o televidentes. Si un medio se apoya en otro, ya la verdad es incontestable y usted será considerado un loco o un tipo peligroso si afirma lo contrario. En mi nota culpo de las conductas xenófobas, no a los españoles, sino a la sociedad de consumo. Y, especialmente, a la sociedad de consumo en crisis, a la sociedad de consumo de los países industrializados en clima de 'no voy a llegar a fin de mes’. Lo que no ocurrió, felizmente, en el encuentro Madrid Fusión ocurre diariamente en todo el mundo. El racismo y las conductas destructivas hacia los grupos minoritarios son moneda corriente y expresan uno de los aspectos más oscuros y primitivos de la naturaleza humana. La segregación, que a veces criticamos cuando ocurre en el exterior, se da también en el interior del Perú con sus playas exclusivas, sus bares elitistas, sus barrios blindados y toda esa discriminación larvada que salta como una serpiente tan pronto asoma una situación de conflicto. No es solo con los cholos o con los negros, es con cualquiera que sea diferente. Saben las veces que escuché el 'elogio’: “Tú no pareces argentino” o el agravio “argentino tenías que ser”. Ambos son juicios de valor basados en prejuicios y, por lo tanto, expresan una conducta racista o segregacionista, generalmente inconsciente, pero que de todas maneras crea cortocircuitos en la comunicación y no contribuye en nada a la comprensión del otro. Lo mismo sucede en todo el planeta. No es España, no es Perú, no es Estados Unidos, no es Argentina. Es el ser humano que, más allá de banderas e himnos, sigue perteneciendo, en este tiempo de misiles deslumbrantes y mapas genéticos que parecen haberle birlado la clave secreta a Dios, a la misma guardería infantil donde el homo sapiens sapiens trata de sacudirse, con mucha dificultad, al Cromagnon, al Neanderthal y a los homínidos que le precedieron. Ortega y Gasset decía que “el hombre se compone de lo que tiene y de lo que le falta”. Por ahora, nos falta mucho más de lo que tenemos. Seguramente habrá nuevas informaciones sobre el asunto 'Yolanda’. Sean cuales fueren, utilícelas para hacer conciencia sobre la variedad de matices que puede tener una información.