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La prohibición de la píldora

2009/10/27
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El Tribunal Constitucional decidió que el Ministerio de Salud no reparta la píldora del día siguiente a las mujeres pobres de nuestro país. Si quedan embarazadas, buscarán la forma de abortar arriesgando sus vidas. Las otras, comprando sus pastillas o abortando en clínicas. El cerebro puede ser fábrica de justificaciones monstruosas cuando no está anclado en justicia y amor a los más necesitados, sino en temores o sentimientos de culpa. El Tribunal dio como justificación que “no se ha demostrado que la pastilla no es abortiva”, cuando la Organización Mundial de la Salud ha dicho que no lo es. Mi hipótesis es que los miembros del Tribunal: a) Frente al discurso omnipotente –“como si representara la verdad única y absoluta dicha por el mismo Creador”– del ministro Rey y otros, se han sentido como infantes que no pueden pecar el día anterior a su primera comunión, perdiendo la lucidez en su pensamiento y sentido de la realidad. b) Creyeron infantilmente que la ausencia de la píldora hará que las mujeres no aborten. c) Se olvidaron que un niño debe ser deseado, amado, respetado y que, sin eso, solo sufrirán y llenarán de violencia a la sociedad. d) No han pensando en que justamente los abanderados de que no se reparta la píldora han renunciado a las relaciones sexuales de por vida y que ¿tendrán envidia inconsciente a la cópula queriendo sancionar a quienes la disfrutan? Para los de pensamiento tradicional, lo deseable sería “hacer el amor” en el matrimonio bendito o sintiendo un amor completo. Pero deseo no es realidad. Y esa forma de pensar tradicional no va más. La mayoría no “hace el amor”, simplemente “tienen sexo”, y sobre esa realidad es que el Estado debe legislar. Y nuestro Estado es laico, así es que…