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“¿Prestigio? Me habrán leído cien chinos. Eso ya es alucinante”

2009/09/12

El cojo y el loco (Alfaguara) debe ser la novela menos autobiográfica de Jaime Bayly. Llena de maldad, muerte y sexo, cuenta la historia de dos jóvenes limeños que, al ser víctimas de su entorno, deciden –¿se ven obligados a?– llevar una vida sin escrúpulos. No apta para espíritus delicados.

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Yo reconocí mi bisexualidad porque sentí que tenía que hacerlo. Eso no significa que todos estén obligados a lo mismo. Pero yo sentí una urgencia por escribir sobre esos temas que entonces me atormentaban y por no ocultar o falsear mi identidad sexual. Lo hice por la misma razón por la que escribía y sigo escribiendo: para darle un sentido a mi vida y para tratar de sobrevivir con un mínimo decoro”, confiesa Jaime Bayly, el polémico y divertido escritor y conductor de TV, quien acaba de publicar El cojo y el loco (Alfaguara), una novela sobre dos personajes francamente terroríficos. Al parecer, en El cojo y el loco no está su álter ego, ese personaje que se parece tanto a Jaime Bayly. Es cierto. En la novela no está mi sombra en ningún rincón. Es pura ficción. ¿Con este libro escapa a la condena de ser siempre un autor autobiográfico? Escribir una novela es siempre una manera de escapar de la vida misma. Pero yo no escribí esta novela tratando de demostrar nada. La escribí porque tenía que escribirla, porque la historia me atormentaba. Bobby y Pancho, los protagonistas, son monstruosos. ¿Por qué surgió la necesidad de contar esta historia? No lo sé. Yo nunca sé por qué me asaltan las historias y los personajes que me veo obligado a escribir. Es una cosa misteriosa para mí. Pero ya lo he dicho antes: yo no elijo fría y racionalmente las historias que escribo, ellas me eligen a mí y yo me resigno a contarlas. En la novela hay personajes muy religiosos que no quedan bien parados. ¿La religión nos estupidiza? Yo no diría eso. No todas las personas religiosas son estúpidas. Hay personas religiosas que son inteligentes. Pero es indudable que la religión o la fe consisten en creer irracionalmente en un número de ficciones o supersticiones. Para mucha gente, ese acto de fe es un modo de vivir en paz o de darle sentido a su vida. Yo no encuentro esa fe en mí. No consigo creer las fantasías religiosas. Póngase en la piel de un lector. ¿Por qué leería El cojo y el loco? Por curiosidad, supongo. Pero yo no tengo que convencer a nadie de que lea la novela. Te tiene que provocar. Si no te provoca y yo te digo que es una gran novela, tampoco la vas a leer. ¿Lo han querido más por escribir? Yo escribo –hace casi veinte años– porque siento que estoy condenado a hacerlo, que ese es mi destino, que cuando no escribo me siento mal y cuando escribo me siento bien. Lo hago, entonces, para darle un sentido a mi vida… o para sobrevivir. Me ha resultado inevitable asociar algunos personajes con gente de su entorno. ¿Es un 'confuso atrevimiento’? La novela es pura ficción. Todo lo que allí cuento me lo he inventado. Pero, por supuesto, no será usted el único que incurra en ese 'confuso atrevimiento’. A los lectores les gusta sospechar que todo lo que uno cuenta lo ha vivido de esa manera exacta, literal. Y, por mucho que uno diga que todo es mentira, que todo es ficción, el lector se aferra a la suspicacia cínica de no creerte. Está en todo su derecho. Lo importante, al final de cuentas, es que te lean y que crean que lo que has contado es verosímil, que podría haber ocurrido. ¿Qué tan cerca está El cojo y el loco de los mundos de miseria descritos, por ejemplo, por Bukowski? No lo sé. Yo no soy bueno para analizar o criticar mis libros. Eso que lo digan los críticos. Pero Bukowski sigue siendo uno de mis héroes literarios. Ojalá, cuando sea viejo, yo consiga comprarme una casa en California y un auto descapotable, como hizo el viejo borracho putañero. Bukowski fue un deslumbramiento para mí: me enseñó que las cosas más sucias podían (debían) contarse. ¿Qué tan feroces 'críticas literarias’ son sus hijas con respecto a sus textos? Mis hijas, en general, no leen mis libros porque no les interesan. Están demasiado ocupadas en ser unas adolescentes felices. Les he regalado la novela, pero me han dicho que, de momento, no les interesa leerla. Tanto mejor. ¿Es más 'prestigioso’ ser considerado escritor que figura de la TV? No me preocupa el prestigio. Nunca he escrito una novela pensando en el prestigio. Me parece que un escritor no debería aspirar a ser prestigioso sino a ser leal a sí mismo. ¿Cómo desea ser recordado: cómo un escritor, como una figura de la farándula? No me interesa el asunto. Solo me interesa que mis hijas me recuerden con cariño. ¿Necesita de la opinión de la 'academia’ para sentirse escritor? No. Me basta con sentirme modestamente satisfecho con lo que he escrito. Beto Ortiz señala que, en nuestra 'academia pamer literaria’, él está condenado –“como Yesabella, Carlos Vidal, Miyashiro y Bayly”– a ser un personaje de la farándula... que escribe. No comparto esa opinión. Es, evidentemente, una frase juguetona. Ortiz es un buen escritor, tiene talento. Miyashiro publicó un guión sobre la pasión por el fútbol que me ha parecido inteligente y original. Por otra parte, cada escritor es un mundo propio y responde a sus obsesiones y locuras. ¿Se siente más apreciado como autor fuera del Perú? No. En el Perú, mis libros se leen bastante. Por suerte, fuera del Perú, también. Pero yo no diría que me quieren más o me leen más fuera del Perú. No tengo evidencias para afirmar eso. Sé que me han traducido a catorce idiomas, incluyendo el mandarían, pero eso no significa que me hayan leído todos los chinos, desde luego. Probablemente me habrán leído cien chinos más o menos. Eso ya es alucinante para mí. ¿Se amistará con los Vargas Llosa? Yo no estoy peleado con ellos. Sigo teniéndoles aprecio y considerándolos mis amigos. Ocurre que, a veces, los amigos dejan de verse un tiempo, pero después se reencuentran y la amistad sigue en pie.