Además:

“Prefiero ser participante más que mera observadora”

2008/12/22

Ella no recoge testimonios para sus crónicas. Ella las vive y, eventualmente, las padece. Gabriela Wiener, una de las mejores periodistas peruanas del momento, viene de España a presentar Sexografías. Pueden ver su 'booktrailer’ y saber más en http://sexografias.blogspot.com

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"Me necesito a mí misma para probar y entender ciertas cosas, sobre todo si los temas que abordo, como en el caso de los relatos de Sexografías, pasan por la sexualidad. No se puede hacer crónica sin hablar de nuestro propio cuerpo. Los cronistas siempre dicen dónde están, hacia dónde se mueven. Yo lo único que hago es moverme un poco más que un cronista típico", explica. No le bastan los testimonios de otros. Prefiero sentirme parte participante que mera observadora, o peor, infiltrada y suplantadora que ve las cosas a la distancia emitiendo juicios. No es solo exhibicionismo, siempre encuentro que hay algo profundo que me une al tema que refiero, por eso estoy ahí. Me gusta revelar a los demás este proceso de empatía, inmersión y aprendizaje. Por otro lado, si los demás me entregan su intimidad, yo les pago con la misma moneda. Devuelvo la confianza puesta en mí con mis propias confesiones. Me parece lo justo. Es el periodismo gonzo, ¿no? El periodista medio que se inmola en él. El escritor Hunter Thompson, que se mató de un balazo hace pocos años, fue el padre del periodismo llamado gonzo, en el que el periodista se convierte en protagonista y catalizador de la acción. ¿Meterse así no resta objetividad? Parto de que la objetividad es imposible si hablamos de sujetos. Me gusta que mis crónicas sean como un prisma que muestren muchas subjetividades en juego y no una verdad hecha y derecha. La mía es una más. ¿Qué le atrae de prostitutas del Centro de Lima, sadomasoquistas españolas y transexuales en la miseria? No lo sé. Supongo que empieza como una deformación profesional: los periodistas buscamos personajes extraordinarios con vidas comunes y personajes comunes con vidas extraordinarias, bla, bla, bla. Creo que los busco porque me parecen excitantes, con una intimidad y una sexualidad transgresoras de las que podemos aprender mucho o simplemente dejarnos fascinar. A mí al menos me pasó esto. Me alucinaba que unas 'trans’ pobres de Breña se atrevieran a vivir públicamente sus deseos y llevarlos al límite. Nacho, la estrella porno que entrevistó, protagonizó una cuasi escena porno para usted. ¿No pensó que era un poco demasiado? En su momento, me pareció que hacía algo lógico, que toda mujer con dos dedos de frente lo haría para saciar la predecible curiosidad por el talento y las longitudes de una estrella porno que no se corta un pelo para pedirle sexo a una mujer. Por otro lado, yo diría que esa escena no es pornográfica sino postpornográfica. Los que la lean probablemente no tengan una eyaculación y sí, quizá, un ataque de risa. ¿Hace cuánto está con su esposo? ¿Qué clase de interrogatorio es este? Casi diez años, ¿por? ¿Cómo lo convenció de meterse de 'swingers’, de intercambiar parejas? Le dije que el periodismo es un apostolado. ¿Es posible una relación así? Hay millones de parejas 'swingers’ en el mundo que lo prueban. Lo que es verdaderamente inquietante es que haya aun más parejas infieles, dobleteos, sacadas de pies del plato y familias enteras sumidas en la hipocresía. Si todo esto existe, ¿por qué nos extrañamos de los pobrecitos 'swingers’? ¿No se molestó su esposo al saber que pasó dos noches en casa de Badani o que entrevistó a un actor porno? A mi marido le encanta lo que hago, sobre todo si él está presente. ¿Por qué se fue del Perú? En términos prácticos, para hacer una maestría. En términos reales, para escapar de la rutina. ¿Podría hacer este trabajo en Lima, donde domina la doble moral? Muchas de mis crónicas ocurren en Lima. Lo único bueno de la doble moral campante es que hay una masa crítica de lectores 'arreques’. Va para ustedes, querido público. ¿Ha cambiado esta vocación de periodista suicida ahora que es mamá? ¿Usted tiene hijos? No hay ninguna experiencia más extrema, demencial o gonzo que ser mamá. Después de un par de años con Lena, todo lo demás es pichiruchi.