Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
La afirmación del ministro del Interior, Remigio Hernani Meloni, de que Rómulo León Alegría cuenta “con muchísimos amigos poderosos”, provocó la inmediata precisión de la ex ministra Mercedes Cabanillas de que León Alegría “evidentemente, tiene contactos con gente de mucho poder económico”. Redondeando su comentario, Cabanillas añadió después que “los amigos poderosos de León Alegría no son apristas”. Estas declaraciones soplan elegantemente la pluma al poder económico por el escándalo de los petroaudios. Pero las evidencias no apuntan precisamente en esa dirección. ¿Fueron las relaciones de León Alegría con el poder económico lo que le permitió montar la red de corrupción, que ahora empieza a develarse? Eso es dudoso. Aunque León Alegría se precia de sus contactos hasta con Carlos Slim, su correspondencia lo muestra no como un amigo de los grandes empresarios sino como alguien que les ofrecía sus servicios como un empleado eficiente para moverse en un ambiente corrupto: alguien que, gracias a sus excelentes contactos políticos, podía allanarles el camino para hacer negocios en el Perú: apenas un asalariado útil para “aceitar” los contactos y otros trabajos sucios por el estilo. Por algo en un correo electrónico Fortunato Canaán lo trata de “mi empleado desleal”. La afirmación de que los amigos poderosos de León Alegría “no son apristas” choca, igualmente, con las evidencias conocidas. Salvo, claro está, que no sean apristas Alberto Quimper, Jorge del Castillo, Hernán Garrido Lecca, los hijos de León Alegría –Luciana y Romulito–, para solo citar a algunos de los aludidos en las evidencias que tiene la fiscalía. Merece otra precisión la afirmación de la congresista Luciana León de que el informe del responsable de informática del Congreso prueba que ella no envió algunos correos electrónicos comprometedores, dirigidos a su padre, que aparecen suscritos con su nombre y enviados desde su casilla de correo electrónico. En realidad el informe no dice nada de lo que la señorita León dice que dice. El informe señala, primero, que, efectivamente, ella recibió varios correos de su padre en las fechas correspondientes, y, segundo, que no figuran en el servidor del Congreso sus correos de respuesta. Pero añade de inmediato que los congresistas (incluida Luciana León) cuentan con el sistema Blackberry, desde el cual pueden contestar sus correos sin que estos textos queden registrados en el servidor del Congreso. Tampoco dice nada el informe sobre la adulteración de esos correos que, es bueno recordarlo, han sido extraídos del CPU de la computadora de Rómulo León Alegría. Propiciar la oscuridad no va ayudar a que se haga la luz.