Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
“El director de cine Román Polanski, de 76 años, fue arrestado el 26-9-09 en Suiza, a petición de la justicia de EE.UU., por estar pendiente un juicio al haber drogado y violado a una niña de 13 años en el año 1977. Polanski era prófugo de la corte norteamericana desde 1978. Fugó a París tras enterarse de que se enfrentaría a la pena máxima de 50 años por su delito”. Alguien que ha abusado de una niña drogándola y usándola para su satisfacción sexual tiene que ser castigado, y severamente. Ser hombre de cultura es un agravante. Por ello, resulta inexplicable que muchos artistas y políticos connotados lo defiendan oponiéndose al juzgamiento. El pedófilo es un perverso, un sádico que hace daño irreversible y no tiene cura. Su deseo sexual solo puede ser contenido y reprimido. Tiene fijaciones infantiles que transgreden las normas de sexualidad negando su perversión y daño causado (psicoanalista A. Rascovsky). ¿Y el niño? Queda traumatizado, entendiéndose por trauma un acontecimiento imprevisto que la mente de la criatura no puede entender, y con una angustia y culpa tan grandes que lo paralizan. Obligado a vivir placeres perversos, después recurrirá a ellos cuando esté angustiado. Es como si su estructura psíquica recibiera una bomba de tiempo porque se deformará hasta volverse perversa. No podrá transformar sus impulsos en algo creativo. Perfil del pedófilo: En un 90%, hombres con profesiones calificadas e integrados a la sociedad. Se cree que entre un 50 y un 60% no recibió muestras de afecto entre su niñez o adolescencia. El 66% niega sus crímenes o los minimiza y presenta falta de empatía y baja autoestima. Dato alarmante es que tienen un alto índice de reincidencia (ACPI). El pedófilo asesina el alma de una criatura.