Además:

El poder de la denuncia

2009/05/12
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la gente no denuncia. El 92% de la población no denuncia porque no quiere hacerse problemas, no sirve para nada, se vería perjudicado o no puede probar la denuncia. Tremenda realidad que muestra la última encuesta nacional 2008 de Proética. Si una persona agredida por un acto de corrupción no lo denuncia es porque no cree en la autoridad o porque sabe que nada va a ganar haciéndolo. La situación puede ser más complicada aún. Cuatro de cada cinco personas consideran que los peruanos no respetan las leyes porque no son iguales para todos, favorecen a los poderosos, son muy complicadas o sienten que no habrá ningún castigo si no las cumple. Esto es lo que la gente piensa sobre cómo funcionan las instituciones en realidad. Frente a esto, el caso del taxista del desarmador, el que robaba y golpeaba a mujeres confiado en que nadie lo denunciaría, da pie para pensar que comienzan a asomarse cambios. Él agredió, ellas pusieron denuncias en la comisaría. La Policía respondió con desidia (no dejar pasar el reciente informe de la Defensoría del Pueblo sobre la deplorable realidad de las comisarías: el cruce de información con bases de datos de otras entidades públicas sería de gran ayuda en este tipo de casos). Ante los pocos resultados oficiales, una víctima mandó por e-mail la noticia de su asalto y otra la complementó con el número de placa del auto del agresor, además de dársela a los policías. Un medio de comunicación se interesó, profundizó la investigación y dio con el depravado. Finalmente, hasta la ministra del Interior intervino y exigió acciones inmediatas. Si se hubieran quedado calladas, nadie se habría enterado de la agresión. Los policías habrían seguido haciendo lo de siempre: ignorarlas o atenderlas sin ofrecer mayor confianza; el sinvergüenza habría seguido haciendo de las suyas y todo hubiera quedado en el olvido, reforzando la percepción de la población de que una denuncia no vale nada y “una vida vale lo que vale una bala”, como dicen en el Huallaga. Pero no. Se atrevieron y vencieron. Utilizaron la Internet para difundir su maltrato y evitar que les suceda a otras mujeres; crearon en horas una red de alerta ciudadana que llegó hasta un programa periodístico que se compró el pleito y, noche a noche, insistió para que la Policía actuara hasta capturar al energúmeno. Es más, la investigación periodística fue un gran apoyo para la Policía Nacional y, con su ayuda, lograron identificar al fulano, al carro y, finalmente, detenerlo. Importante la denuncia, importante informar, y más importante aún esta movilización para hacerles saber a las autoridades que estamos interesados en que las cosas cambien y en que las instituciones funcionen. Ojalá que no se quede en un solo caso. Y ojalá que las instituciones respondan a estas nuevas expectativas ciudadanas mejorando su atención, su capacidad de acción y, al final, logrando resultados sin necesidad de presión pública.