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Política | Vie. 27 nov '09
¡Plop!
A ver, repitan todos después de mí: “Exijo una explicación”. Preguntas fundamentales sobre dos temas escandalosos que hicieron noticia esta semana.
ALLISON. El niño lindo de la política nacional, el que quedó finalista en un concurso de belleza destinado a elegir al político más guapo, ese mismo, fue ampayado tratando de sacar 50 mil dólares de los Estados Unidos sin declararlos adecuadamente. El presidente, indignado, lo ha lapidado públicamente. Sin embargo, habría que recordarle a García que él solito se entusiasmó con las adulaciones de Allison (¿recuerdan ese video en que el joven alcalde le prometía marchas de apoyo?) y lo colocó al frente del Ministerio de Vivienda, una de las carteras más sensibles a las corruptelas.
Indignados deberíamos estar todos los peruanos por haber tenido de ministro a un calichín de la política cuyo mayor mérito parece ser haber aprendido todas las malas artes de los más viejos. Por eso, no podemos evitar preguntarnos: ¿Cuál ha sido el balance de la gestión de Allison al frente de la cartera de Vivienda? ¿Cuáles fueron los criterios para nombrarlo ministro? ¿Tienen esos 50 mil dólares algo que ver con negociados perpetrados desde su despacho ministerial? Perdón, pero no es tan fácil como decir, uff, nos salvamos porque el vivazo ya no está con nosotros.
'PISHTACOS’. Ya a estas alturas nadie se cree el cuento de una banda de despellejadores que degüellan gente para obtener grasa humana. La columna de Marco Sifuentes al respecto (blogs.peru21.pe/peru2punto1/2009/11/pishtacos11 1.html) desmorona el mito y deja a la Policía en franco ridículo. Sin embargo, cabe preguntarse ¿qué se intentaba esconder con esta torpe cortina de humo? Parece que, esta vez, los juegos pirotécnicos han venido de la misma Policía Nacional.
Según Carlos Basombrío, esta payasada habría buscado opacar la serísima denuncia de Ricardo Uceda, publicada en la revista Poder, según la cual hay un comando de aniquilamiento conformado por policías que estaría ejecutando extrajudicialmente a bandas de delincuentes en Trujillo. Uceda señala que, gracias al nuevo marco legal que permite a la Policía utilizar sus armas con mayor libertad en enfrentamientos, habrían empezado a morir decenas de maleantes en supuestas cowboyadas desplegadas en las calles y plazas de la Ciudad de la Eterna Primavera. El tema es para prestarle especial atención porque, de corroborarse estos indicios, estaríamos ante un severísimo caso de exceso policial que el ministro Salazar debería esclarecer con el mismo entusiasmo que le puso al tema de los 'pishtacos’. Mínimo.
ALLISON. El niño lindo de la política nacional, el que quedó finalista en un concurso de belleza destinado a elegir al político más guapo, ese mismo, fue ampayado tratando de sacar 50 mil dólares de los Estados Unidos sin declararlos adecuadamente. El presidente, indignado, lo ha lapidado públicamente. Sin embargo, habría que recordarle a García que él solito se entusiasmó con las adulaciones de Allison (¿recuerdan ese video en que el joven alcalde le prometía marchas de apoyo?) y lo colocó al frente del Ministerio de Vivienda, una de las carteras más sensibles a las corruptelas.
Indignados deberíamos estar todos los peruanos por haber tenido de ministro a un calichín de la política cuyo mayor mérito parece ser haber aprendido todas las malas artes de los más viejos. Por eso, no podemos evitar preguntarnos: ¿Cuál ha sido el balance de la gestión de Allison al frente de la cartera de Vivienda? ¿Cuáles fueron los criterios para nombrarlo ministro? ¿Tienen esos 50 mil dólares algo que ver con negociados perpetrados desde su despacho ministerial? Perdón, pero no es tan fácil como decir, uff, nos salvamos porque el vivazo ya no está con nosotros.
'PISHTACOS’. Ya a estas alturas nadie se cree el cuento de una banda de despellejadores que degüellan gente para obtener grasa humana. La columna de Marco Sifuentes al respecto (blogs.peru21.pe/peru2punto1/2009/11/pishtacos11 1.html) desmorona el mito y deja a la Policía en franco ridículo. Sin embargo, cabe preguntarse ¿qué se intentaba esconder con esta torpe cortina de humo? Parece que, esta vez, los juegos pirotécnicos han venido de la misma Policía Nacional.
Según Carlos Basombrío, esta payasada habría buscado opacar la serísima denuncia de Ricardo Uceda, publicada en la revista Poder, según la cual hay un comando de aniquilamiento conformado por policías que estaría ejecutando extrajudicialmente a bandas de delincuentes en Trujillo. Uceda señala que, gracias al nuevo marco legal que permite a la Policía utilizar sus armas con mayor libertad en enfrentamientos, habrían empezado a morir decenas de maleantes en supuestas cowboyadas desplegadas en las calles y plazas de la Ciudad de la Eterna Primavera. El tema es para prestarle especial atención porque, de corroborarse estos indicios, estaríamos ante un severísimo caso de exceso policial que el ministro Salazar debería esclarecer con el mismo entusiasmo que le puso al tema de los 'pishtacos’. Mínimo.