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Play de honor

2008/07/17

El nuevo arquero del MEF FC tendrá que ser un mago

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Luis Valdivieso no había terminado de amarrarse los chimpunes y de ajustarse las rodilleras, en su primer día en el arco del 'MEF FC’, cuando le cayó un 'planchazo’ de Hernán Garrido Lecca y Rafael Rey, que lo deben haber notificado, por si todavía no lo estaba, de que el match viene fuerte y con bastante leña. Rey y Garrido Lecca, como la mayoría de ministros, pretenden asegurar los recursos para los proyectos de sus sectores, a pesar de no tener capacidad de gastar todo lo que les dan. Pero quizá más que eso, quieren cambiar las reglas del juego establecidas por el ex ministro Luis Carranza para la relación entre el MEF y los otros ministerios. No son los únicos. Juan Valdivia también reclama por 'su’ bono de chatarreo, y hasta Gastón Benza, de Sierra Exportadora –un equipo de segunda división en la Copa Fiscal 2009–, se trepó al pliego de reclamos. Pero esta barra brava parece estar dirigida por Garrido Lecca y Rey. No en vano se convirtieron, por la persistencia de sus pedidos, la terquedad en sus argumentos, y por tratar de 'by-pasearlo’ poniendo la pelota en otras canchas, en una delantera peligrosa para Carranza. Al final, este ya ni les contestaba el teléfono. Rey y Garrido Lecca desean cambiar las reglas con el nuevo titular del MEF. También podría ser que, picones como son los dos, quieran recordarle a la afición –ahora que la FIFA de la economía mundial lo está premiando– que el 'puma’ Carranza tenía 'defectos’. Pero no deja de ser curioso que dos ministros curtidos como Rey y Garrido Lecca hayan planteado sus quejas en público, sin esperar siquiera al Consejo de Ministros de ayer en el que se iba a revisar el presupuesto de cada sector. Salvo que cuenten con el aval de Palacio para esa patadita. Quizá el presidente Alan García esté promoviendo estas tensiones en el gabinete, pero al final seguramente ratificará lo que dijo hace apenas un par de semanas: los ministros de este gobierno no votan contra la opinión del MEF. Pero el problema de fondo ahora no son las necesidades de gasto de los ministros, sino el control de una inflación creciente que puede acabar revirtiendo la reducción de la pobreza alcanzada en el último año.