Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
Hola, mi hermano. ¿Cómo estás? Estoy a tus órdenes y te deseo lo mejor, hermanito, y, claro, siempre al lado del Señor”, nos dice José Luis Rodríguez, 'El Puma’, el cantante de frondoso y engominado cabello, a quien vimos protagonizar varios culebrones televisivos, y a quien escuchamos durante toda nuestra niñez y gran parte de nuestra adolescencia porque, con su voz y carisma Caribe, supo conquistar el corazón de nuestras madres. Sí, aunque nuestra madre no lo crea aún, al otro lado del teléfono está el intérprete de Tendría que llorar por ti, Dueño de nada, Culpable soy yo, Voy a perder la cabeza por tu amor, Boca dulce boca, Atrévete, Amar sin ser amado, De punta a punta, La fiesta, Un toque de locura, entre otros tantos éxitos. Y, lo mejor para su libido de ex adolescente enamorada, le envió un sabroso, para ella, regalo final. Usted ha transitado por muchos géneros musicales… Sucede que a mí me gusta la música, casi sin importar sus estilos. Por ejemplo, a mí me gustan mucho, me atraen, la balada romántica, el bolero –especialmente interpretado en el estilo de Los Panchos–, lo rítmico. Yo puedo decir, sin ufanarme, que mi repertorio cubre todos estos estilos. Lleva cantando cinco décadas. En base a su experiencia, ¿siente que los cantantes de esta parte del mundo tienen ciertas particularidades que los hacen, sino únicos, al menos diferentes? Tenemos mucha sabrosura, mucho desparpajo y una gran dosis de coqueteo. Estos son elementos inherentes a nuestra condición de latinoamericanos y, en mi caso, de ser un caribeño. El sol y los colores de nuestra tierra van ligados, natural e indefectiblemente, a nuestra música. ¿Y cree que los latinos amamos distinto, digamos, que un europeo? Yo no me siento un maestro en el amor. Yo no podría decirle cómo ama un europeo o un americano. Es más, no sé ni cómo ama un latino. Yo creo que el amor es democrático y tolerante, no tiene color, ni raza, ni credo. El amor se basta a sí mismo y no hace distinción de ninguna especie. No hay que olvidar que el amor nace y viene de Dios y que el amor que tienen, que sienten los humanos, es el mismo que emana de Dios. Pero los afectos tienen circunstancias que los hacen diferentes… Bueno, el amor tiene muchos paréntesis. Empecemos diciendo, por ejemplo, que son diferentes el amor al padre, el amor a la madre, el amor a los animales, el amor a los seres humanos, el amor a la patria, el amor a la mujer que se ama, el amor a los hijos… todos estos son diferentes pero, en esencia, estos amores tienen un origen común; su origen, repito, está en Dios. Y usted les ha cantado a todos estos amores. Dígame, ¿es un permanente enamorado? Así es. Y, también, un agradecido. Quizás por eso le canto al amor. Además, yo soy un intérprete, mi mundo es la música. Esto no me hace diferente a los demás en cuanto a mis afectos. Yo creo que amo con la misma pasión e intensidad del que son capaces, por ejemplo, un abogado, un ingeniero, un arquitecto. Repito, el amor es el mismo porque viene de Dios y, por ello, todos tenemos la capacidad de practicarlo, de sentirlo, de ejercerlo. En mi caso, al hacer canciones, este afecto es manifestado y hecho público, solo allí está la diferencia. Ah, eso sí, a pesar de mi fe, nunca quise ser pastor… ni siquiera pastor alemán (risas). ¿Y qué siente cuando ese ingeniero, ese arquitecto, ese abogado, utilizan sus canciones para transmitir sus afectos? Ah, eso sí lo reconozco, mi hermano. Yo creo que el arte, la música y el deporte son la válvula de escape de todas las sociedades. Si no existieran, habría una tremenda olla de presión llena de conflictos. Si se eliminasen el deporte, el arte y la música en un país, habría suicidios masivos. ¿Cómo debe evitar un artista ser usado por el poderoso para manipular a la gente? Más que enemigos externos, uno tiene enemigos internos. Contra ellos hay que batallar, hay que destruir, hay que aniquilar. Yo creo que la honestidad y la sinceridad son valores que el artista no debe perder. El artista está tentado a elevar su ego y a hacer crecer su orgullo. Por eso, yo le corro todos los días al ego. ¿Es un hombre humilde? Trato de serlo. Yo no siento que valga más que los demás. Yo no siento que mida diez metros. En el escenario uno puede sentirse un gigante, pero, cuando acaba el concierto o la función, hay que dejar al gigante en el escenario y ponerse otra vez en el cuerpo y en la piel del ser humano. Usted ha sido actor. ¿Siente que es un aspecto distinto de su condición de artista? A mí me gusta el showbusiness. Y, dentro de esta actividad, uno tiene que cantar, uno tiene que actuar, uno tiene que hacer comerciales, uno tiene que animar, etcétera. Y lo he hecho siempre, desde que empecé mi carrera, a inicios de los 60. Entonces integró el grupo Los Zeppis y, luego, fue cantante de la orquesta Billo’s Caracas Boys… Efectivamente. Hace poco participé en un reencuentro, después de más de 40 años, con la orquesta Billo’s Caracas Boys. Hubo mucha nostalgia y fue muy bonito, tanto que me ha dado ganas de repetir la experiencia. ¿Se siente un artista vigente? Hermanito, pues, claro. Mi secreto está en nunca dejar de hacer cosas. Hay que hacer, hacer y hacer y no esperar frutos. Hay que moverse siempre porque la pasividad es compañera del retiro; todo lo que se aquieta, todo lo que se estanca, se pone mal… hasta las máquinas. Y yo no pienso en el retiro; por eso, seguiré cantando hasta que el cuerpo dé: soy un hombre metódico. Mi madre se va a alegrar al saber que usted y su voz se conservan bien... ¿Cómo se llama su madre? Adela. Dígale que le mando un beso.