Política | Vie. 15 ago '08

¿Peruanos desagradecidos?

Autor: Carlos Basombrío
Ha hecho bien el Gobierno en declarar duelo nacional para hoy que recordamos el primer aniversario del terremoto del sur. Corresponde, y no solo por la magnitud de la tragedia, sino también por el sentimiento extendido de fracaso en la reconstrucción.

En su encuesta sobre el tema, la PUCP pregunta sobre la respuesta del Gobierno, y el 44% la considera mala o muy mala y un 42% adicional la califica de regular. Eso en Lima. Mejor que no haya encuestas en la zona del desastre. Lo que sí hay son múltiples manifestaciones de rabia e impotencia y anuncios de movilizaciones y protesta.

Alan García dice que la explicación es que los peruanos –y, en este caso particular, los iqueños– somos unos desagradecidos que no valoramos lo que el gobierno nos da. “…la población peruana tiene siempre como deporte y costumbre castigar a los gobiernos”. No son precisamente las declaraciones más felices, si el objetivo fuese calmar los ánimos; pero, además, son profundamente injustas.

La gente sí distingue cuando las cosas se hacen bien o, por lo menos, se intenta. Vale recordárselo. Los días siguientes a la tragedia, el Gobierno mostró mucha sensibilidad y el presidente estuvo presente en la zona, dirigiendo los trabajos más urgentes. Es verdad que fue un caos, pero la gente sentía que por lo menos estaban con ellos. Pues, este país de ingratos le reconoció el gesto y García subió su aprobación, en un solo mes, 10 puntos porcentuales.

Después volvimos a la normalidad. En las semanas siguientes, gentes vinculadas a empresas y a ONG que se fueron a trabajar en serio por los damnificados daban testimonio de cómo, poco a poco, la presencia del Estado se iba evaporando y cómo en ciudades enteras solo se veía algún esporádico cargador frontal removiendo escombros. (Algo parecido a lo que pasa ahora en nuestras calles bombardeadas de Lima, donde más indignante incluso que el caos de tránsito es que en muchas de ellas no haya nadie trabajando).

Luego se anunció que habría una reconstrucción modelo y se creó el Forsur. El modelo fracasó. Después tuvimos la historia del ministro que se mudó a la zona para quedarse hasta que las cosas funcionaran o dejaría el cargo. ¡Cumplió! Pasó de Vivienda a Salud.

Lo más triste de este fracaso es que se da justo cuando se conjugaban, más bien, circunstancias excepcionales para hacer las cosas bien. Por un lado, de los afectados, una población urbana costera, cerca de Lima, en la zona de mayor crecimiento económico y, por el otro, un gobierno con más recursos fiscales que ningún otro en la historia del Perú.


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