Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
Pocas veces uno de los post de 'Sex o no Sex’ –el blog de esta columna– generó tanto debate entre los comentaristas, quienes se dividieron entre el asco y la libertad de los amantes para disfrutar del sexo como mejor les provoque. El tema: la lluvia dorada, una práctica que es parte del juego sexual de algunas parejas. La urolagnia o lluvia dorada se da cuando uno de los miembros de la pareja recibe directamente la orina de la otra persona. Podría buscar su rostro o su cuerpo. No es una exigencia beber la orina, aunque algunos lo hagan. El placer fundamental radica en sentir el chorro caliente y en el poder que experimenta quien micciona. En ocasiones, el rol se intercala. Aquellos que la disfrutan no son enfermos; pero, cuando reducen el placer a solo esta práctica, la situación supera los límites de lo sexualmente saludable y ya podría considerarse una patología. Mientras no se llegue a este extremo, es una preferencia, una opción y una determinación que se toma de mutuo acuerdo. Entre los extremos enfermizos se encuentran los que a escondidas buscan ver a otros orinando o fuerzan a sus parejas. ¿Saben qué piensan los peruanos al respecto? Aquí los comentarios más encendidos del blog (han sido editados por razones de espacio y para no herir susceptibilidades). Por Enrique Nunca he probado la lluvia dorada. No creo que se lo propondría a una chica, no es algo que me interese, aunque tampoco es algo que se descarte. Siempre he creído que en el sexo todo está permitido, así que si, en el momento, ambos estamos excitados, tal vez aceptaría. Por Gabriela La lluvia dorada es una práctica anormal del sexo. Cualquier estudio psiquiátrico lo puede afirmar. Aunque no haya “normal” o “anormal” a la hora del sexo, hay límites a considerar. De lo contrario, prácticas sexuales que consideramos aberrantes e inmorales serían tomadas como “normales”. El sexo es algo limpio. No lo conviertan en suciedad. Por Calígula Yo les recomendaría que, si tienen que recurrir a semejantes porquerías para (no) tener satisfacción, deberían de empezar por cambiar de pareja. Esas prácticas aberrantes son el producto del descontento con la pareja –sea de turno o estable– y su consiguiente hastío y aburrimiento. Tampoco hay que confundir entre moderno y perverso. Por Emily Lo he hecho una sola vez en mi vida y no me pareció nada excitante. Él me lo pidió y, al inicio, me avergoncé. Obviamente, hacerlo no fue fácil. Sin embargo, no me molestó orinar sobre él. Fue una noche de sexo salvaje con un hombre maravilloso que me hizo llegar a las nubes. Si me decía que me pusiera de cabeza, lo habría hecho… solo por complacerlo. Cuando se trata de sexo, nos enfrentamos a un tema de complicidad. Hasta dónde puedes llegar en el juego sexual depende de cada persona. Por Carlos Me parece poco higiénico. Y, cuando la orina ha estado buen rato en la vejiga, el olor es muy fuerte y algo desagradable. Quizás algunas personas lo puedan considerar como un momento excitante de sometimiento, pero permitir que alguien te miccione más parece un acto de humillación. Por Nuria La verdad es que la única vez que ha habido algo similar o parecido a la lluvia dorada en mi cama no fue una experiencia ni remotamente agradable. Supongo que eso lo hace traumático, y no quisiera, la verdad, tener nada que ver con el asunto nunca. Por Viento de Libertad Tengo cierto pudor hasta de orinar en el baño con ella mirándome. No la tengo pequeña, pero el olor característico y todo lo demás me da un poco de vergüenza. Me gustaría verla a ella mientras micciona, pero ¿que lo haga encima de mí? No sé... ¿Cómo hago para que el olor no sea tan fuerte? Por Papá Oso Lo he practicado en un momento de locura orgásmica y de exquisito placer, pero siempre en la ducha, donde tenía a la mano agua pura. Por Beto No me parece ni aberrante ni antihigiénico. En el sexo, el límite lo pone cada uno. No sean prejuiciosos. Nunca lo he hecho pero, si alguna vez mi pareja me lo pidiera, no tendría reparos ya que lo que más importante para mí es mantenerla satisfecha. Por Aresdamián Algunos dicen que en el sexo todo está permitido, y hay que respetar a los demás. No soy proclive a olores muy fuertes, por lo que no tengo ninguna curiosidad en practicarla. Por Enrique Personalmente no he vivido esa experiencia, pero si hay tantas chicas que admiten que les gusta o les gustaría hacerlo, tal vez valdría la pena intentarlo. No creo que la lluvia dorada sea algo bajo o degradante, como han afirmado algunos, o que sea inmoral. En el sexo todo está permitido mientras sea de mutuo acuerdo y no se haga daño a nadie ni sea ilegal. Por Carlos M. Es interesante conocer la sexualidad en su máxima expresión, con diferentes gustos y fetichismos que la hacen estimulante. De todas ellas, creo que la lluvia dorada puede considerarse una de las prácticas menos difundidas o consideradas “sucias”. Creo que no es así, siempre y cuando ambas partes estén de acuerdo. Por Estrella del Norte En mundo globalizado, las cosas que antes solo quedaban en los cines de películas XXX están ahora ahí nomás, sex shops que te venden cosas que deben explicarte antes qué son y cómo usarlas. Lo que antes era para gente de avanzada está ahora al alcance de todos. Las vivencias sexuales han ampliado su espectro para bien de algunos y mal de otros. Creo que la tolerancia debe extenderse a los gustos sexuales. Hice mis cosas en mi vieja Europa, producto de la juventud y gozando de una libertad que acá, en mi querida tierra, no tenía. Muchas se quedarán solo en eso, pero aprendí a ver el sexo de una forma más abierta, bajo el concepto de que si dos personas están de acuerdo, yo soy la última que debe juzgar. A algunos les parecerá sucia la lluvia dorada, y están en su derecho de sentir eso y expresarlo. A otros les parecerá excitante. Mi marido es un hombre como cualquiera y creo que, influenciado por las películas porno, me propuso hacer algunas cosas como las que allí salen, entre ellas lo de la lluvia dorada. Nunca lo había hecho y me lo pensé un poco, pero accedí. Estaba consciente de que no podía ser una noche cualquiera. Sabía que debíamos estar en un estado de excitación muy alto, tocando el techo si es posible. Le propuse ir a un hotel y, durante la velada previa, le dije explícitamente que quería probar eso, buscando excitarlo y excitarme yo. Total que, cuando llegamos al cuarto, estábamos arriba, en lo alto. En la regadera hicimos el amor y allí me dejó caer la lluvia. Honestamente, no fue nada del otro mundo, no me hizo sentir nada especial, y a él le pasó lo mismo. De hecho, a él le gustó menos que a mí. Cada pareja debe tener libertad de explorar y poner sus propios límites. Lo que hagan los demás es asunto de los demás, siempre que no violente las leyes. Por Alberti Orinar a la pareja antes, durante o después de terminar el acto sexual me parece asqueroso. Es cierto que cada uno tiene sus preferencias, pero hay cosas que pasan de lo mentalmente sano.