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“El periodismo es compromiso, no lo entiendo de otra manera”

2010/04/30

Gervasio Sánchez es uno de los fotógrafos más importantes, controvertidos y respetados de España. Ganador del Premio Nacional de Fotografía expone, en el C.C. de España, Vidas minadas, su reportaje sobre las víctimas de las minas antipersonales en varias partes del mundo. Conmovedor.

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"Me defiendo bastante bien escribiendo. Cuando viajo, no solo hago fotografías; también escribo los artículos. Es más, empecé escribiendo. De hecho, la primera vez que vine al Perú –llegué para reportar las violaciones a los DD.HH. del gobierno de un tal Alan García– lo hice para escribir. Hoy, los medios obligan a los periodistas a que hagan todo: escribir, fotografiar, hacer videos, reportar en la web. Yo hago todo eso hace 30 años y hasta tengo un programa en la radio". Gervasio Sánchez, Premio Rey de España de Fotografía, nos habla de sus múltiples aptitudes, todas ligadas con el periodismo. Es un hombre comprometido con causas humanitarias… Mucha gente cree que, para tener sensibilidad, hay que estar alineado con algún partido, sobre todo de izquierda. Yo creo que la política hay que ejercerla todos los días, no solo cuando se va a votar. En 1983 empecé a trabajar con Amnistía Internacional en temas de América Latina, sobre todo en Guatemala y El Salvador. Después estuve en Chile y en Perú, haciendo un trabajo sobre desaparecidos. Sigo trabajando en esa línea de denuncia permanente, haciendo periodismo puro; por eso, me molesta cuando me preguntan si soy una persona comprometida. Hombre, yo soy un periodista. Para mí, el periodismo es compromiso. ¿Por qué se fijó en Latinoamérica? Mire, yo nunca he hecho periodismo en mi país. A los ocho o diez años coleccionaba sellos y quería viajar, y pensaba que para viajar había que ser periodista o piloto de avión. Mi obsesión es viajar y ver con mis propios ojos lo que está pasando. Acaba de mencionar a sus ojos. En ese contexto, ¿qué es la cámara fotográfica: una extensión de su mirada, un objeto a su servicio…? Es un soporte para almacenar imágenes y, luego, contar una historia. Es un arma poderosa que, bien utilizada, puede tener una gran influencia, y mal utilizada, originar desastres. Muchas veces, las fotografías sirven para mentir, y no para salvar una vida. Su fotografía es cruda, fuerte, pero no quiere escandalizar… Yo no estoy pendiente de mi ego. No creo que mientras más impactantes sean las fotografías que hagamos los periodistas, más prestigio obtengamos. Es falso creer que el exhibicionismo, la espectacularización del conflicto, de la guerra y del dolor van a permitir que uno haga un mejor trabajo. El buen trabajo se hace en la cotidianidad, cuando más cerca se está de las víctimas, es decir, de la verdad. Y centra su mirada en las víctimas... Para mí, la única verdad incontrastable en un conflicto son las víctimas, porque uno nunca sabe, en realidad, a qué obedecen los intereses de los grupos enfrentados. En el Perú, todos le echan la culpa a Fujimori, y no se acuerdan de Belaunde y de Alan García, cuando en sus gobiernos hubo miles de desaparecidos. Fujimori ha servido como un tapón para olvidar el pasado. Fujimori fue un dictador; se supone que Belaunde y García eran demócratas, pero hubo más violencia y muerte en sus gobiernos. Su trabajo habla también de los sobrevivientes de la violencia… En mi libro sobre Sarajevo solo había dos muertos, a pesar de que con mis ojos vi centenares. Los demás eran sobrevivientes, gente que intentaba tener una vida digna en medio de la guerra. Me interesan más los vivos que los muertos. Siempre he dicho que los muertos son el menor problema de la guerra. ¿Quién documenta a los mutilados, traumados, desequilibrados, a los hijos de la violencia y sus taras? Pero, en el periodismo, la noticia es la bomba que explotó hoy, y mañana centrará su atención en otra guerra. ¿Cómo seguir a los sobrevivientes? Lo sé, me ha pasado. Pero llegó un momento en que esta manera de trabajar me cansaba y no era muy lícita. Actuar solo en función de la atención mediática es muy peligroso porque uno acaba haciendo lo que les interesa a quienes manejan los medios y no a los lectores. Por eso, hay que buscarse un espacio para nuestros trabajos de largo aliento que son, además, los que mayor impacto tienen en las personas. Nunca los financiará el Estado, pero sí los organismos humanitarios. Su trabajo es muy político. ¿Ha sido censurado? No. Mi truco ha sido ser siempre consecuente (risas). Mi trabajo es de periodismo puro, de lo que debe haber todos los días en los medios: reportajes sobre la vida cotidiana.