Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Alucinantes las declaraciones del obispo de Jaén sobre el 'Baguazo’ a El Comercio. En ellas desarrolla una curiosa teoría del deber cristiano para justificar su soporte alimenticio a los nativos que bloqueaban la carretera: “Aunque la acción sea mala, hay que ayudarlos”. Asimismo, el obispo acaba justificando, queriéndolo o no, el asesinato de los policías: “La responsabilidad del asesinato no es por el minuto en que se dispara la AKM, sino por el conjunto de los hechos sucedidos”. Esto es, algo así como: dado lo insensible y torpemente que manejó el Gobierno su justo reclamo, no les quedaba más remedio que degollar a machetazos a los policías rendidos. Peor aún, monseñor explica que falta comprender “con profundidad” el sentido nativo de venganza. Para ellos, explica, la venganza no es “por odio”, sino que es “cuestión de honor”. Me imagino que eso debería de funcionar como un consuelo para los deudos. Siguiendo su mismo criterio, por otra parte, los llamados “crímenes pasionales”, por ejemplo, serían frutos no del odio sino del amor. Sería pues, verbigracia, el amor que la suboficial Vásquez sentía por su marido lo que la habría empujado a quemar viva a su amante embarazada, Rina Prado, según lo revela el que cuando lean estas líneas será el periódico de ayer. Después de todo, viendo “el conjunto de los hechos”, si no fuera por este amor traicionado, Rina Prado seguiría viva. ¿Le corresponderá a la suboficial un reconocimiento por San Valentín en lugar de la cárcel? En realidad, claro, las venganzas nacidas del honor o del amor no existen. Es del ego herido (injustamente o no) de dónde sale el odio que te lleva a hacerle al otro lo que te ha hecho a ti (aunque ni siquiera hubo eso en Bagua). Por otro lado, al hombre ético lo hace tanto lo que busca como lo que está dispuesto a hacer para conseguirlo. De lo contrario, vamos olvidándonos de recordar las torturas y matanzas cometidas en la guerra contra Sendero. Con todo, lo más chocante de las declaraciones del obispo está en su determinismo cultural y su consiguiente relativismo moral. Así, dice que al culpar a los nativos-degolladores como criminales se está pasando por alto su “idiosincrasia” (el tema del honor) y su concepto de justicia: “Esa es su mentalidad, se les ha juzgado con la nuestra”. Me hizo pensar en otra historia que, coincidentemente, también trae el periódico de ayer: la de Medine Memi, enterrada viva a los 16 años en el jardín por su padre y su abuelo, en cumplimiento, eso sí, de una muy antigua tradición kurda que sólo desde el 2001 ya ha costado la vida a 300 mujeres turcas a manos de sus familiares, por atreverse a relacionarse, en cualquier forma, con hombres. Es decir, una cuestión de honor, propia de su idiosincrasia, que le hubiera dicho el señor obispo de Jaén.