Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Recién cuando uno se topa con la cabal expresión de una forma artística puede por fin entenderla y gozarla. He visto, en menos de dos semanas, un segundo espectáculo de performance de la mano creativa de Guillermo Castrillón, y he comenzado a pensar que ese género teatral es muchísimo más de lo que yo creía. No es siempre un fácil ejercicio de capricho imaginativo, último refugio de la mediocridad teatrera. Esto es lo que es en una buena mayoría de los casos, porque es un género muy abierto y, por eso mismo, buen terreno para contrabandos. Pero son muy fuertes la calidad y el impacto de una performance verdaderamente buena, porque performances como Las mujeres que habitan en mí son hechos poéticos escénicos supremamente válidos. Esta se está presentando en la Alianza Francesa, realizada por Jimena Lindo, Lita Baluarte y Mónica Silva (actrices y bailarinas de primera las tres). Ellas nos regalan un despliegue impresionante de destrezas y nos hacen una revelación humana tan personal como estética. Uno de los postulados de la buena performance parece ser un compromiso con la realidad real, y un alejarse de la representación (la ejecución de un papel). Lo que en la performance vemos no es al personaje sino a la persona dando testimonio de su más íntimo ser y haciéndolo de una manera artística. En la performance hay tan poca historia qué contar como la hay en un gran poema, vale decir ninguna o casi ninguna. Si el 'performer’ es de verdad creativo y verdadero, lo que veremos sobre el escenario será un poema que no nos hará extrañar una historia contada porque estaremos viendo poesía personal e íntima expresada mediante sonido, movimiento, palabras y arte visual. En la Alianza, Castrillón ha guiado –no sé cómo lo hace– el proceso de las artistas y establecido los parámetros espectaculares del montaje. Las tres jóvenes mujeres se desempeñan con evidente libertad improvisadora sobre tres angostas tarimas que atraviesan el escenario de un lado a otro. Vemos luces estupendamente bien diseñadas y música bien escogida y apropiada. ¿Qué más? ¿Qué es lo que hacen esas mujeres durante todo el espectáculo? Intento y no puedo describirlo. Esto me pasa porque la poesía no es descriptible. Lo único que puede describir un poema es ese mismo poema. Recomiendo este espectáculo sin haberlo descrito. Créanme que es bueno y vayan a verlo. Si es que, claro, les interesa ver poesía abstracta, humana y personal puesta, monda y lironda, sobre un escenario.