Domingo 27 de mayo del 2012 | 21°
El intenso y acalorado debate sobre la eventual venta de una porción del terreno que ocupa el Cuartel General del Ejército, o Pentagonito, se ha desviado; se empezó discutiendo la conveniencia de darle valor a los activos no utilizados del Estado, pero ahora solo se menciona la necesidad de proteger la seguridad nacional. Lo que fue una propuesta inmobiliaria se ha convertido en una supuesta amenaza. Hábilmente los militares lo han llevado por esa senda y, en el camino, han recolectado una serie de pasajeros de lo más variados, pero todos dispuestos a subirse a un coche de vocal patriotismo. Incluso no queda claro por qué los opositores al proyecto aseguran con convicción que serían chilenos los compradores, cuando ni siquiera se ha empezado a diseñar el esquema o, en todo caso, qué riesgo a la seguridad podría involucrar la nacionalidad de quien desarrolle un complejo habitacional. Lo que sí es innegable es que la estrategia de defensa del Pentagonito ha dado resultados y hasta Toledo ha llamado del extranjero para hacerse presente en la trinchera. Ante ese nivel de oposición es poco probable que el gobierno persista o que encuentre compradores dispuestos a tomar el riesgo político o a asumir eternos pleitos. Sin embargo, la distorsión continúa y, al margen de demagogia, la zona en cuestión sigue siendo un terreno excesivamente valioso que pertenece a todos y por el cual no recibimos nada a cambio. Peor aun, no tiene ningún sentido que sea para uso exclusivo del ejército y que sirva para que se lleven a cabo actividades secundarias, como hacer ejercicios, para lo cual no requieren hacerlo sobre cientos de dólares por metro cuadrado, cuando existen innumerables lugares donde se pueden hacer incluso mejor y a una milésima del precio. Lo que realmente importa es que el beneficio del terreno sea generalizado; si el proceso de venta no prospera, al menos se debería entregar a la ciudadanía su uso y convertirlo en un parque público. Así, la ciudad de Lima que tiene cada vez menos áreas verdes se beneficia y el ejército podría recibir una compensación del tesoro para mejorar viviendas, escuelas y hospitales para atender a su personal. Lo que no podemos seguir teniendo son grandes extensiones de terrenos públicos desperdiciados sin rentabilizar, como si el estado fuera un ausente terrateniente o gamonal.