Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Un editorial reciente de The New York Times que cuestionó la designación de Sarah Palin en la 'plancha’ republicana, comentó que el papel de un vicepresidente suele ser menor salvo que ocurra una tragedia, pero que la decisión de a quién se nombra como candidato para ese puesto ofrece una perspectiva crucial y valiosa sobre cómo conduciría la nación el candidato presidencial. En efecto, la selección de los vicepresidentes dice algo –y a veces bastante– de lo que quisiera hacer un postulante a la Presidencia si ganara la elección, o de cómo sería su gobierno. Los de Lourdes Flores y Ollanta Humala, por ejemplo, habrían sido muy desordenados si se tiene en cuenta que sus respectivos compañeros de plancha se cambiaron rápidamente de equipo. La selección de alguien mucho más curtido en política como Alan García, en cambio, parece haber sido más consistente con sus intenciones. En Lourdes del Solar quizá buscó una señora guapa que adornara las fotografías de campaña, pero con el vicealmirante Luis Giampietri seguramente el líder aprista buscó algo más que aceptar la recomendación de su aliado Alex Kouri. García debe haber querido que Giampietri sea su acercamiento al fujimorismo y al militarismo, que lo asocie con el orden (sin dudas ni murmuraciones) que la población aprecia, y que le dé un toquecillo autoritario que el mandatario parece admirar en Alberto Fujimori. Esto a costa de aceptar a alguien con agenda propia. La de Giampietri consiste en demoler políticamente a entidades y personas que atentan contra los 'sagrados intereses de la patria’ –según su perspectiva– o contra los suyos, los cuales también mete dentro de esa categoría. Esto explica su ataque sistemático a una entidad seria y valiosa como el Instituto de Defensa Legal (IDL), y el uso para ello de su poder, como poner a su servicio la APCI y la Comisión de Inteligencia del Congreso. ¿García comparte la agenda de Giampietri? Al menos, preocupa que la tolere y que le dé rienda suelta a su 'vice’ para que la aplique. Por momentos, incluso, la alienta. Los amigos de García –que hoy abundan– dicen que él no piensa como el vicealmirante. Si es así, pues que controle a su vicepresidente y a sus mastines, pues la vena autoritaria en el gobierno ya se va volviendo imposible de ocultar.