Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Finalmente le aprobaron el programa al presidente Obama. La diferencia con las propuestas de Bush radica en que estos dineros serán asignados, prioritariamente, al gasto y no a reducir impuestos o a salvar entidades financieras. La cifra de 800,000 millones de dólares suena escandalosa para nuestras economías, pero en Estados Unidos podría constituir solo un paliativo teniendo en cuenta que la Oficina de Presupuesto del Congreso pronostica, según el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, que en “los próximos tres años habrá una brecha de 2.9 billones de dólares entre lo que la economía podría producir y lo que producirá, por lo que 800,000 millones dólares, si bien parece mucho, dista de ser suficiente para cerrar esa brecha”. Y Krugman, que dice tener un nudo en el estómago por la forma en que se está encarando la crisis, se muestra decepcionado por la incapacidad crítica de los republicanos, que insisten en seguir aplicando las recetas 'bushianas’ de reducción de impuestos. Se les vino toda la estantería encima y siguen insistiendo en aplicar como solución lo que contribuyó a crear el problema. Según Krugman: “La respuesta retórica de los conservadores al plan de estímulo –que, vale la pena aclarar, cuesta mucho menos que los dos billones de dólares de reducciones impositivas de Bush o el billón de dólares gastado en Irak– raya en la demencia”. Quería subrayar esta afirmación resaltando el adjetivo 'demencia’ pues tengo la impresión de que, por estas tierras, son bastantes los que parecen no haberse noticiado de la hondura y la gravedad de la crisis y, si lo han hecho, han optado por sugerir las mismas inútiles respuestas de los republicanos de EE.UU. La fe en el árbol caído se apoya en una irracionalidad teñida de peligrosos matices de pensamiento mágico, que no solo no se compadece de la realidad, sino que desprecia la lógica. La imagen todopoderosa que EE.UU. se ha vendido a sí mismo y al mundo obra como una especie de talismán capaz de exorcizar cualquier mal, incluso estas pequeñeces de la economía. No es así. Feliz o infelizmente, según como queramos que sea el futuro, no es así. No morirá el sistema capitalista, pero deberá adaptarse a un guión más realista. Tengo la impresión de que jugar a la desregulación no podrá ser, en el futuro, el deporte preferido de quienes han hecho dinero gracias a ella. Para los que están radiantes con el TLC con EE.UU., quiero contarles un ejemplo de cómo funciona el libre mercado, solución de todos los males: La final de la Superbowl (febrero) es el día de mayor consumo de guacamole en EE.UU. Como la competencia viene de un México socio del TLC, los productores estadounidenses diseñaron una red de barreras pseudosanitarias. Para ingresar en febrero, la palta mexicana tiene que entrar por avión y solo a través de ciertos lugares de la costa este con bajas temperaturas, pasar varios días y, después, someterse a una aprobación condicional. El resultado es la casi total eliminación de la competencia mexicana.