Cultura | Jue. 14 ene '10

Palmas y palos

Autor: Alonso Alegría
Sobre HERNANDO CORTÉS
No me cansaré de recordar que a Hernando Cortés le debo mi inicio como dramaturgo. De regreso de EE.UU., con dos cartones de teatro y dramaturgia, no encontraba cómo ganarme la vida. Por ver si ganaba algún dinero, escribí la pieza del famoso equilibrista. Se la leí a Hernando. Me recomendó que la mandara al premio Casa de las Américas. Me aseguró que ganaría. Le hice caso. Meses más tarde, mientras le daba por teléfono la noticia del premio cubano, Hernando no paraba de gritar, alborozado, “¿no te lo dije?”. Si no hubiera sido por su entusiasmo en El cruce sobre el Niágara, mi carrera habría sido distinta.

Atestiguo así mi gratitud y aprecio por Cortés, importante dramaturgo nacional. Pero quiero dilucidar, con cariño, sus declaraciones en Perú.21. Parece haber dicho que no existe una dramaturgia peruana posterior a Salazar, Solari o Ríos, porque los dramaturgos recientes ya no tratan temas peruanos. ¿Será que mi obra sobre el equilibrista francés no es peruana? ¿O que las de Brecht ubicadas en la China, en el Cáucaso o en Chicago no son alemanas? Una dramaturgia nacional no depende de la nacionalidad de su temática, sino de sus autores. La nacionalidad de artistas como Cortés es un motivo de orgullo. La nacionalidad de nuestros temas no es –ni puede ni debe ser– una obligación.



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