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Pakistán y los problemas en el vecindario

2009/05/22
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En las provincias pakistaníes del noroeste, hacia adonde avanza el ejército de ese país, ya hay más de dos millones de desplazados. Esta ofensiva es parte del diseño bélico que ha impuesto el Pentágono, y su cumplimiento, que busca vencer a los revitalizados talibanes, está provocando un inmenso drama humano. El más grave, según las agencias internacionales de ayuda, desde el genocidio perpetrado en Ruanda. Se calcula que el número de desplazados aumenta en 100,000 por día. Comienzan también a llegar imágenes patéticas de niños heridos o muertos y del espanto que siembran desde el cielo, y sin ningún peligro para sus vidas, los pilotos estadounidenses. ¿Pensarán construir así, a bombazos, las futuras democracias del Medio Oriente? A pesar de que las experiencias iraquí y afgana no han resultado muy alentadoras, parecen querer insistir, en el conflictivo Pakistán, con la misma metodología. ¿No tendrán otra, o es esta la metodología aconsejada para mantener lozanas las cuentas del aparato industrial-militar? ¿Que muere gente, dice usted? Pues sí, en la guerra muere gente, pero no gente como la que murió en las Torres Gemelas. Esta es gente de un nivel menos humano y, por tanto, merece menos titulares en los diarios, menos imágenes en la televisión, menos parloteo lastimero y desvergonzado de los políticos y, por supuesto, menos o ninguna compasión. Habrán olvidado los estrategas de estas guerras que Pakistán dispone de unas mortíferas bombas nucleares, y que su poder político, hoy considerado para con las exigencias de EE.UU., es de una fragilidad esperpéntica y podría cambiar de manos. No calculan estos estrategas de la muerte el riesgo que significa provocar a un pueblo que está más cerca de los que mueren que de los discursos de sus políticos de turno. No hay, con Irak y Afganistán, suficiente experiencia sobre los resultados que se obtienen sembrando destrucción y muerte. ¿Por qué no aprenden? ¿Qué gen idiota les impide sacar conclusiones de las experiencias pasadas? Ninguno, me dirá usted, y me invitará a no ser tan inocente. Y tiene razón, esta no es, aunque parezca, una tara genética. Este es el producto de una sociedad cuya supervivencia depende, en gran medida, de la vitalidad de su industria de armamentos y de la necesidad de controlar los recursos energéticos que provienen de aquella parte del mundo. La República Islámica de Pakistán es un poco más pequeña que el Perú, tiene 150 millones de habitantes y carece de petróleo. Su desgracia se origina en que su frontera con Afganistán y los vínculos de origen tribal que muchos paquistaníes mantienen con los afganos hacen que ese país ocupe una posición geopolíticamente sensible a los intereses de Estados Unidos en la región. Obama apuntó desde un principio a Afganistán, por ser el país donde se habría pergeñado el 11-S, y Pakistán, vecino y hasta connacional en algunos aspectos de ese país, no podía quedar fuera de la estrategia destinada a eliminar a los talibanes.