Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Los apristas que participaron en la negociación para la elección del nuevo presidente del Congreso de la República tenían, en los últimos días, esa sonrisa misteriosa del que sabe algo que el resto desconoce pero que todos sospechan. Ese 'algo’ no era otra cosa que el pacto que, con dicho fin, ya habían cerrado con el fujimorismo. Va a ser muy difícil creerle a ambas agrupaciones que la tensión que protagonizaron durante las semanas pasadas fue real, y no un sainete para camuflar su verdadera intención: minimizar el daño político de este acuerdo para el Apra y el fujimorismo. Y el que esto haya incluido un encuentro clandestino entre el ministro Luis Alva Castro y el reo Alberto Fujimori, y que la ministra de Justicia, Rosario Fernández, se haga de la vista gorda ante este chanchullo, es una expresión más de que el juego sucio en la política no solo está en el Congreso sino, también, en el Ejecutivo. La segura elección de Javier Velásquez Quesquén como nuevo presidente del Congreso, esta mañana, tendrá varias consecuencias. Una es que le impedirá al Gobierno oxigenar el ambiente político a través de proyectar la sensación de que comparte el poder. La angurria ciega y hace perder oportunidades como esta. Otra constatación es que el presidente Alan García tiene razón en que no hay oposición en el Perú. La mayoría de esta se encuentra interesada en prebendas de toda índole –desde mejores condiciones carcelarias hasta una oficina más grande y vehículo con circulina–, antes que en defender principios que, supuestamente poseen. El Gobierno fomenta esto pues sabe qué ofrecerle a cada sector y a cada persona para anular su acción política. De otro lado, es obvio que Unidad Nacional no da para más, pues constituye una ficción alrededor de agrupaciones que no poseen una visión común. Sus socios deberían disolverla cuanto antes. Volvamos al principio: la principal conclusión de lo sucedido es que la relación entre el Apra y el fujimorismo es más sólida de lo que muchos creen, la cual se explica por una combinación de intereses comunes, coincidencias abundantes y favores mutuos. ¿Qué le ofreció esta vez el Gobierno a Alberto Fujimori? No hace falta especular: las próximas movidas políticas nos lo dejarán saber.