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Pablo Abramonte: "Aunque vivo en Lima, mi alma está en Chulucanas"

2007/03/06
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jchueca@peru21.com Ubicado hace 10 años en Jr. Bernardo Alcedo 540, Lince, el restaurante Chulucanas se ha especializado en platos típicos piuranos, como cebiche, tamales verdes, seco de chavelo, carne aliñada, cabrito, arroz con pato y otros. Pablo Abramonte es el que ha abierto en la capital esta ventana de su cálido norte. "Mi padre era agricultor, y mi madre, ama de casa, aunque también participaba en la agricultura. Mi hermano tiene la chacra ahorita. Aún la conservamos a pesar de que mi padre va a cumplir 30 años de muerto. Siempre vivimos felices y nos enseñaron los principios más importantes de todas las cosas: honrar al padre y a la madre y querer al prójimo como a uno mismo", cuenta Pablo Abramonte. ¿Cómo es Chulucanas? Estamos a 120 metros sobre el nivel del mar. Es la puerta de entrada a la sierra piurana. Tiene más o menos 150 mil habitantes. Cuando yo era niño, tendría como 40 o 50 mil. Todos nos conocíamos y a los padres de nuestros amigos les decíamos tíos, así que nos confundíamos en una sola gran familia. Es como pasa en casi todos los pueblos, pero más en el norte. Por eso somos la capital de la amistad. ¿Hasta qué edad vivió allá? Bueno, físicamente vivo en Lima, pero espiritualmente sigo viviendo en Chulucanas. Yo salí en el año 94. Ya tengo 13 años en la capital, pero frecuentemente voy por allá, porque tengo mi madre -una dama de 93 años-, mis hermanos, mis amigos, mis recuerdos. Allá están mis viejos profesores, mi calle, mi cama vieja que me espera, mi padre... como siempre digo: mi cementerio. El cementerio más lindo de todos -para cultura general, por si no lo sabe- es el de Chulucanas. ¿Por qué? Porque es el único cementerio en el cual, el Día de la Resurrección, nos vamos a encontrar todos los amigos que nos queremos (ríe). ¿Qué hacía antes de venir a Lima? Bueno, cuando era chico hacía las cuatro cosas que mi padre decía que los hijos debíamos hacer: comer, dormir, estudiar y obedecer. ¿Era divertido ser adolescente allá? Por supuesto. Sanamente, no como ahora que hay tantas drogas. Además, allá, en las fiestas, aun siendo varones, nos llevaba el papá o la mamá, cosa que no podíamos evitar porque siempre eran en casas de familia. Eso ha sido parte de la conservación de las buenas costumbres. Chulucanas es famosa por la cerámica que se elabora allá. Sí. Y por sus limones. Y por sus mujeres bellas. Así que dese una vuelta si es soltero... o casado (ríe). La cerámica empezó a hacerse famosa a partir de los años 70. Es una creación más bien reciente. A nosotros nos gusta mucho, y a los visitantes -que van muchos-, también. ¿Por qué vino a Lima? Durante ocho o 10 años tuve un restaurante allá, pero decayó el negocio. Fue un accidente que tuviera un restaurante. Yo, en realidad, tenía una zapatería, pero frecuentaba La Cabaña, que era el restaurante de un gran amigo mío. Después de que él enfermó, su hermana y su esposa me lo alquilaron y así comencé. Muchos visitantes me decían que viniera a Lima. Consideraban que mi comida era agradable y que yo era buen anfitrión. ¿Cómo le fue cuando vino a Lima? Cuando vine sufrí lo que muchos, la estafa de CLAE. Fue una situación muy difícil. Entonces me puse a vender comida en el mercado mayorista. Allá estaban mis paisanos. Porque ahí es donde va la fruta, el mango y el limón. Fue una situación que lo llevó a hacer algo que nunca imaginó hacer. Son las cosas que todos hacemos cuando somos buenos padres, buenos hijos, y porque tenemos que continuar la vida. Fue un golpe, pero salí adelante. Pensé que hacer comida era una mejor alternativa que volver a mi tierra, porque iba a volver derrotado. Pero, en cambio, aquí yo derroté -si hay que decirlo así, porque no es un término que use- a la mala suerte. ¿Cuánto tiempo pasó vendiendo en el mercado? Un año. Pero una mano bendita me dio la mano para poner este restaurante. Fue una persona que consideró que mi comida era buena y que el trato que yo daba era diferente al que se solía dar en el mercado mayorista. Ahora el restaurante Chulucanas ya tiene un nombre hecho. Sí. Hacemos comida típica piurana y fresca, como la comida de allá. Nosotros no recalentamos. Por eso tenemos pocos platos. A mi restaurante la gente llega por el olor. Nuestras especialidades son los tamales verdes, el cabrito, el arroz con pato, el seco de chavelo, el majado de yuca, y los viernes de Cuaresma hacemos la mala rabia, un plato típico piurano. ¿De qué está hecho? A base de alverja seca, esa que es medio marroncita; se hace con arroz y con pescado saladito. Y la mala rabia que se hace con plátano bellaco maduro, con queso y un aderezo hecho en la sartén. Es una mezcla bien rica de salado y dulce. ¿No ha pensado abrir otro local? No, porque aquí viene gente que ya tengo muy mimada. Los hago sentir en Piura. Y si yo me fuera a otro lugar, no podría hacer eso.