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Política | Sáb. 20 sep '08
El otoronguismo se viste de oscuro
Ofendidísimos están los congresistas cuando son entrevistados en los pasillos del Parlamento. De todas las bancadas han expresado su queja contra esta periodista. “¡Quién se ha creído esta señora!”, ha dicho Víctor Mayorga. Carlos Raffo jura que quiero ser la fiscal de la Nación; Mauricio Mulder cree que me computo contralora, y Martha Moyano, Nancy Obregón y Mercedes Cabanillas no me han dicho desvergonzada, pero casi, casi. Pueden verlos quejarse, justificarse y contradecirse en el divertidísimo informe que Marco Sifuentes ha colgado en www.utero.tv.
¿Qué delito he cometido? ¿Qué falta ética o moral? ¿Me comí los pollos de José Anaya? Nada de eso. Pedí a través de esta columna, así como a través del programa de televisión Prensa libre, que se cumpla una ley aprobada por el mismísimo Congreso de la República. Es decir, por la misma institución a la que dicen he agraviado. Una ley según la cual toda persona, es decir, usted o yo, tiene derecho a pedir información pública.
Cualquier persona, no la fiscal de la Nación, ni el contralor.
Cualquiera. Pero está claro que no la voy a tener fácil. Perú 21 ya recibió la misma insólita e ilegal respuesta (apañada hoy por el contralor Genaro Matute, ¡qué vergüenza!) que yo he recibido:
“La Mesa Directiva del Congreso de la República, en su sesión del 15 de agosto del presente año, acordó disponer que se realice una auditoría especial en materia del proceso de rendición de cuentas y reembolso de gastos por viáticos y representación de los señores congresistas. Consecuentemente, habiéndose iniciado el proceso de auditoría, debemos indicarles que los informes y acciones de control se encuentran sujetos al principio de reserva, por cuyo mérito se encuentra prohibido que durante la ejecución del control se revele información que podría dificultar la misma…”.
Traducción de la respuesta del Congreso: “¿Quiénes se han creído que son estos periodistas, bloggers y ciudadanos que atiborran la Dirección General de Administración con pedidos de información? ¿Ciuda qué? ¡Fuiiiira de acá! Yo soy con-gre-sis-ta”. Me llevo mis S/.7,000 cada mes como sea, y cuando sorprenden a Anaya con el pollo en la boca (piña porque lo descubrieron, ¿no?), invoco las palabras mágicas ¡auditoría, auxíliame! y ampay me salvo, y salvo a todos mis compañeros hasta dentro de un par de años.
Muy bien, pues, si así es la cosa, yo seguiré declarándome ciudadana y, en esa sola condición, reiteraré mi pedido y lo seguiré haciendo hasta que consiga la información que estoy buscando, porque la verdad no ofende y la transparencia no es grosería ni insulto, como declaran nuestros congresistas. Eso es lo menos que merece el pueblo que votó por ellos pensando, vana ilusión, que eran mejor que los anteriores.
¿Qué delito he cometido? ¿Qué falta ética o moral? ¿Me comí los pollos de José Anaya? Nada de eso. Pedí a través de esta columna, así como a través del programa de televisión Prensa libre, que se cumpla una ley aprobada por el mismísimo Congreso de la República. Es decir, por la misma institución a la que dicen he agraviado. Una ley según la cual toda persona, es decir, usted o yo, tiene derecho a pedir información pública.
Cualquier persona, no la fiscal de la Nación, ni el contralor.
Cualquiera. Pero está claro que no la voy a tener fácil. Perú 21 ya recibió la misma insólita e ilegal respuesta (apañada hoy por el contralor Genaro Matute, ¡qué vergüenza!) que yo he recibido:
“La Mesa Directiva del Congreso de la República, en su sesión del 15 de agosto del presente año, acordó disponer que se realice una auditoría especial en materia del proceso de rendición de cuentas y reembolso de gastos por viáticos y representación de los señores congresistas. Consecuentemente, habiéndose iniciado el proceso de auditoría, debemos indicarles que los informes y acciones de control se encuentran sujetos al principio de reserva, por cuyo mérito se encuentra prohibido que durante la ejecución del control se revele información que podría dificultar la misma…”.
Traducción de la respuesta del Congreso: “¿Quiénes se han creído que son estos periodistas, bloggers y ciudadanos que atiborran la Dirección General de Administración con pedidos de información? ¿Ciuda qué? ¡Fuiiiira de acá! Yo soy con-gre-sis-ta”. Me llevo mis S/.7,000 cada mes como sea, y cuando sorprenden a Anaya con el pollo en la boca (piña porque lo descubrieron, ¿no?), invoco las palabras mágicas ¡auditoría, auxíliame! y ampay me salvo, y salvo a todos mis compañeros hasta dentro de un par de años.
Muy bien, pues, si así es la cosa, yo seguiré declarándome ciudadana y, en esa sola condición, reiteraré mi pedido y lo seguiré haciendo hasta que consiga la información que estoy buscando, porque la verdad no ofende y la transparencia no es grosería ni insulto, como declaran nuestros congresistas. Eso es lo menos que merece el pueblo que votó por ellos pensando, vana ilusión, que eran mejor que los anteriores.
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