Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Los congresistas quieren limpiar su imagen resolviendo el problema del atajo para conseguir, por lo bajo, ingresos adicionales libres de impuestos, una modalidad llamada 'gasto operativo’. Ojalá lo hagan, por el país y por ellos mismos, pues su reputación está ahora en los bajos fondos. Pero hay indicios de que esto no pasará del típico anuncio para calmar las aguas. Sin duda, no se puede generalizar y afirmar que todos los congresistas son unos bribones. También hay gente decente. Pero, lamentablemente, justos pagan por pecadores y el prestigio de la institución en su conjunto y de todos sus integrantes se destruye tanto por los que delinquen como por los que los apañan con sus actitudes. Estos últimos incluyen a los parlamentarios que, en lugar de reconocer errores y avanzar en su corrección, pretenden demostrar que todo no es más que un plan para desprestigiar al Congreso. Siempre han reaccionado así los otorongos, especialmente los que se sienten más 'distinguidos’, y en esta última crisis fueron algunos del PPC los que se pusieron al frente de la desvergüenza. Empezó Lourdes Alcorta, quien ahora dice que se arrepiente de su ya famoso “no me da la gana por principio” que, sin duda, se recordará cuando busque la reelección, pero que igual no tuvo ningún empacho en decir que las denuncias son hechas por fujimontesinistas que quieren blanquearse. Y le siguió ayer Javier Bedoya de Vivanco. El promotor del célebre piscinazo donde naufragó la última campaña de Lourdes Flores y quizá se ahogó su futuro político, dice que todo es un plan para desprestigiar al Parlamento. Aunque usted no lo crea. Y a este desatino se sumaron los mismos de siempre: el aprista Aurelio Pastor, el fujimorista Rolando Sousa y el indescriptible e impresentable Álvaro Gutiérrez. Es evidente que no es así. Los problemas son de un Congreso que por las leyes electorales vigentes y por la irresponsabilidad de los que deben conformar las listas de candidatos, acaba adquiriendo un perfil corrupto y mediocre. Ojalá Lourdes Flores pueda hacer algo para encaminar a Alcorta y Bedoya de Vivanco, dos colaboradores suyos cuya arrogancia solo les permite querer matar al mensajero y, de paso, a su partido.