Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
La elección de Barack Obama como 44º presidente de Estados Unidos le ha cambiado el rostro a la sociedad norteamericana, pero los análisis en el Perú se centran en las fuerzas políticas y estructurales que bloquean los cambios. Sin duda actúan en contra el enorme peso de los poderes corporativos y su asociación con el Pentágono, los intereses geopolíticos imperiales tejidos durante varias décadas, el individualismo profundamente interiorizado, las contribuciones económicas de las grandes corporaciones a la campaña electoral, etcétera. Pero existen factores nuevos que podrían hacer la diferencia. La elección de un negro como presidente rompe radicalmente con un sentido común profundamente interiorizado, y eso supone ya cambios decisivos. Pero lo más importante es cómo Obama llegó a ser elegido presidente. La hija de mi amigo José Luis participó en la campaña de Obama. Se puso en contacto a través de una página web y, en lugar de rechazarla –como temía, porque tiene 13 años–, le pidieron que formara un grupo con amigos que compartieran sus inquietudes. Luego empezaron a encomendarles tareas, como hacer llamadas telefónicas a residentes de Pensilvania, a quienes les explicaban qué significaba esta campaña para los niños, por qué creían que era necesario el cambio, indicando luego que no podían votar debido a su edad y pidiendo que lo hicieran por ellos. Algo similar sucedió en muchos otros espacios, como en los buses repletos de universitarios voluntarios, movilizados para convencer a los electores, puerta por puerta. Barack Obama trabajó antes como organizador comunitario en Chicago y encontró en la campaña la manera de derrotar a los aparatos partidarios combinando el uso de Internet y el voluntariado. Cuando atribuyó su victoria a sus partidarios, no exageraba. Podría hacerse comparaciones con la gran movilización de los años 60, por los derechos civiles y contra la Guerra de Vietnam. Tiene ahora no solo adherentes que votaron por él, sino gente que se movilizó y está dispuesta a continuar en la brega. Conmovía ver a los partidarios de Obama oyendo su discurso la noche de la victoria. Me impresionó el impacto de sus palabras en sus oyentes, de todos los colores, que lo oían con los ojos húmedos y con el rostro transfigurado por la ilusión. Barack Obama entiende la crisis como una oportunidad porque permite que la gente común, tradicionalmente conservadora, se plantee la necesidad de cambios. Una puerta se ha abierto. Por cierto, hay grandes intereses comprometidos y grandes riesgos; basta recordar a los hermanos Kennedy. Pero la posibilidad está allí.