Opinión | Dom. 12 oct '08

El nuevo premier

Buena apuesta para el país; también para Yehude Simon.
Autor: Augusto Álvarez Rodrich
La designación de Yehude Simon como premier es, por varias razones, una decisión inteligente que proyecta señales muy positivas al país.

Uno siempre se puede equivocar, pero tengo la impresión de que es una buena persona. Ojalá lo siga siendo a pesar del oropel vacuo del poder, la circulina, los guardaespaldas, las invitaciones de empresarios a suites de hotel, y los ayayeros de siempre.

Su historia es de esas que, a veces, sirven como guion de cine. Hijo de inmigrantes, estudió veterinaria –tenía razón Hernán Garrido Lecca– y luego incursionó en política llegando a militar en agrupaciones radicales no muy lejanas del terrorista MRTA. Por ello, fue condenado –injustamente– a podrirse en la cárcel por dos décadas.

Ocho años después fue indultado, gracias al esfuerzo de gente diversa como Hubert Lanssiers, Pilar Coll, Jorge Santisteban o Rafael Rey. Salió de la cárcel sin rencor –le he escuchado hablar de logros del fujimorismo, el grupo que lo mandó a prisión–, y con ideas muy diferentes de aquellas con las que entró.

El que se nombre como premier a alguien que viene de la izquierda radical, que en el camino se renovó, y que hoy tiene una firme apuesta por la inversión privada –demostrada como presidente regional de Lambayeque–, es una señal de madurez para el país.

Asimismo, significa un reconocimiento a lo que ocurre en las regiones, y traerá al siempre tan limeño centro del poder una visión no capitalina, desde el otro lado del mostrador. Además, ayudará a borrar un poco la imagen del 'gobierno de los ricos’.

Al régimen le viene bien este nombramiento. También a Simon, porque le puede dar la presencia nacional que hoy carece y que su aspiración presidencial requiere. El riesgo, para él y para el país, es que el puesto le quede grande. Si da la talla, puede terminar como Lula; si no, chamuscado como su antecesor.

Solo queda desearle, por él y por el país, suerte y éxito en su gestión, y recordarle que, a pesar de la simpatía y expectativa que nos produce su designación, este diario no se casa con nadie y que, antes de pasarle la franela –faena con muchos competidores en nuestro país–, intentaremos alertarlo de los errores que, en nuestra opinión, tenga su premierato.



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