Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Ya rumbo a la mitad del gobierno de García se vienen produciendo cambios a diferentes niveles que, vistos en conjunto, configuran un nuevo momento político. Por el lado económico, la situación mundial es incierta. La posibilidad de una recesión global no puede descartarse con sus inevitables consecuencias. Aún si ella no ocurriese, ya la inflación se ha instalado como problema. Esta semana se vio en la subida de los precios del pollo, tan sensible en la economía popular. Además, la comprensible prudencia del ministro de Economía, reduciendo el gasto público para evitar el sobrecalentamiento de la economía, no va a ser bien recibida y van a generar tensiones con sectores y regiones. Por el lado político la desaprobación del Gobierno y el Congreso está en alza desde hace meses y ya supera al 75%. Además, el 2011 comienza a aparecer en la escena y, con estas cifras, quienes quieran tener futuro no querrán aparecer como gobiernistas. (Del Castillo tiene menos de 3% de intención de voto). Incluso los fujimoristas van a empezar a poner en la balanza cuánto de cercanía y cuánto de distancia con el Apra les conviene a futuro en función de la impunidad de Fujimori, la razón de su existencia. A lo anterior hay que agregarle que, como muestran Moquegua y la Selva, la movilización social por reivindicaciones específicas se torna más frecuente y masiva; radical en sus métodos y exitosa en sus resultados. Sin duda un escenario más complicado que plantea nuevos retos. Por el lado del gobierno le exige acabar con la soberbia, el triunfalismo y la descalificación a priori de toda opinión diferente; explicando, más bien y con más humildad, la situación del país y reconociendo sus errores. (¡Se desperdiciaron los dos años claves para reformar el Estado! No se hizo nada importante en educación, salud, justicia y seguridad y eso la población lo resiente ahora en el día a día). Pero también la oposición se pone a prueba. Por supuesto que, en sus diferentes variantes, está en todo su derecho de ejercer su rol con energía y tratar de conquistar adhesiones hacia otros proyectos políticos y económicos. Lo que es inadmisible es lo que ha hecho Humala y sus seguidores, al pedir la revocatoria de García. Es increíble que estando tan cercana la época fujimorista y tan visibles sus estropicios, ellos valoren tan poco la democracia y sus reglas de juego. García fue elegido por cinco años y querer sacarlo antes de que acabe su mandato, porque no es popular, solo da cuenta de lo primitiva que es aún nuestra vida política.