Además:

“A nuestros huéspedes les ofrecemos salud y cultura”

2009/09/21

Aranwa Hotel Resort y Spa (www.aranwahotels.com) es uno de los mejores hoteles del país. Ubicado en pleno Valle Sagrado (Cusco), su propuesta, gracias a su fantástico spa, es convertirse en un refugio para curar el cuerpo y el alma. Giancarlo Gamboni, su gerente, nos explica cómo.

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"Aranwa significa cuento o leyenda. Para hacer realidad este espacio se invirtieron algo más de 18 millones de dólares. Construirlo ha tomado casi tres años y estamos seguros de que, por el concepto, la propuesta y el equipamiento, es el mejor del país", nos dice Giancarlo Gamboni, el gerente general de Aranwa Hotel Resort y Spa, ubicado en pleno Valle Sagrado del Cusco. Acabamos de recibir un masaje con aceites orientales y una limpieza facial en el espléndido spa del hotel, y estamos tentados a darle la razón. ¿Cuál es la propuesta del Hotel Aranwa? Somos un hotel cinco estrellas, ubicado en el Valle Sagrado, en la antigua Hacienda Yaravilca. Tenemos 115 habitaciones en un área total de cuatro hectáreas. Acá uno encuentra lo que normalmente ofrece un hotel cinco estrellas: excelentes habitaciones –aunque las nuestras son más amplias– equipadas con tecnología de punta, un restaurante gourmet –Pukawi, que significa merienda y cuya carta ha sido creada por Coque Ossio y Miguel Hernández–, un bar de primera especializado en el pisco como bebida (los cocteles son de Hans Hilburg), piscina, las comodidades de un resort y varios valores agregados más. ¿Cuáles son? Manejamos varios conceptos de habitación. Treinta y nueve están ubicadas en lo que fue la antigua hacienda colonial del siglo XVII. Son espacios donde uno, sin dejar las comodidades de la modernidad –como el televisor plasma, el Wi Fi, etcétera–, hace un viaje al pasado, pues la decoración y el espacio es el de una vieja hacienda cusqueña, con pinturas murales, muebles y alfombras coloniales, etcétera. ¿Es cierto que su suite presidencial está considerada como una de las cien mejores del mundo? Así es. Nosotros tenemos catorce suites especiales: la presidencial, las familiares y las matrimoniales. Por ejemplo, la presidencial tiene 500 metros cuadrados y está dividida en tres pisos. Se trata, en realidad, de una casa. Tiene dos habitaciones, una sala de juegos, una videoteca, piscina temperada, una habitación para masajes, una cocina donde el chef del hotel cocinará para el huésped, un comedor, una zona de parrillas y un espacio musical con piano, guitarra y cajón y más. Algo que me ha sorprendido es que en el hotel hay un museo, una galería de arte y un orquideario. Nosotros manejamos el concepto de cultura. El dueño del hotel es un amante de las artes, de la fotografía y, por ejemplo, tenemos en custodia la cámara de Martín Chambi, que puede ser observada, además de sus fotografías, en el lobby del hotel. Además, en nuestra galería, llamada Martín Chambi, hay obras de José Sabogal y Vinatea Reynoso, de Camino Brent y Gerardo Chávez, de Enrique Polanco y Carlos Revilla, de Ugarte Eléspuru y Ángel Chávez, y de varios pintores peruanos más. En Machu Picchu, nuestro orquideario, que ha sido trabajado con el Inrena, tenemos más de 70 tipos de orquídeas, donde las cuidamos y conservamos. Nuestro pequeño museo de sitio expone los obrajes de textilería a los que se dedicaba la hacienda en el siglo XVII. Nuestros huéspedes reciben visitas guiadas por estos tres espacios, además de caminatas por los pueblos cercanos al hotel: Urquillos –donde vivió Mateo Pumacahua y su familia– y Huayllabamba. Sin embargo, hay algo más con lo que ustedes quieren diferenciarse, que es el spa. Más que un spa, es un centro de salud. Se llama Hamay, que significa lugar de descanso, de rehabilitación, en quechua. Está considerado el más grande y más equipado de América Latina. Tiene 2,500 metros y consta de salas de medicación, de aclimatación, de yoga, de masajes; tiene una suite, saunas húmedo y seco, una ducha Vichy, etcétera. Sin embargo, lo que nos hace especial son los tratamientos: contra la obesidad –dura 12 días–, contra las várices, de salud integral. Es decir, el huésped regenerará su cuerpo. Ya la parte espiritual le corresponde, ¿no? Recordemos que estamos en pleno Valle Sagrado, un lugar mágico, místico y muy hermoso. Nosotros le decimos a nuestros huéspedes: “Le preparamos el cuerpo para que hallen su paz espiritual”. Y a ello le agregamos cultura. Es decir, nuestra propuesta es salud y cultura.