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Cultura | Sáb. 17 oct '09
La Nobel y don Jorge
Cuando la semana pasada se anunció que la ganadora del Nobel de Literatura era Herta Müller, de inmediato recordé a don Jorge Cornejo Polar. Es que, en el año 98 –¿o fue tal vez el 99?–, ella estuvo en Lima. Y nadie le hizo caso. Fue invitada por don Jorge, gran organizador de congresos de escritores que, por entonces, auspiciaba la Universidad de Lima. En esa ocasión había organizado un encuentro de escritoras al que asistieron narradoras y poetas, a contracorriente de quienes consideraban que tal evento protegía, injustamente, a malas escritoras que se amparaban en un feminismo “políticamente correcto”. Yo recuerdo muy bien a Herta Müller porque el Instituto Goethe, que tal vez auspiciaba el encuentro, me hizo llegar un ejemplar de una de sus novelas editadas en español: me quedé fascinada y absolutamente sorprendida ante una escritura tan minimal, seca y contenida. Tan absolutamente honesta. Se ha dicho que Müller era una escritora desconocida, lo cual es cierto a medias. Cuando vino a Lima, ya gozaba de reconocimiento literario en Alemania: en 1988 había ganado el International Impact Dublin Literary Award, que se da cada año a la mejor novela publicada en ese idioma, ya sea original o traducida, y hay quienes dicen que ese premio suele ser una 'antesala’ para el Nobel. Lo que la hace desconocida es la mala distribución de sus novelas. Solo cuatro, frente a las 19 que ha publicado, han sido traducidas al español. Los editores españoles dicen que a fin de mes pondrán sus novelas en las librerías. Esto es lo bueno del Nobel: anima a la difusión de la obra del ganador. Pero don Jorge no necesitó del Nobel para invitarla al Congreso ni temió pecar de 'feminista’.