Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Tiene una mirada fría. Su rostro fiero hace correr a más de una persona. Es el prototipo de guardián perfecto: buena musculatura, estado físico envidiable y una potente quijada. Pero detrás de este animal se esconde una mascota tierna que es capaz de mostrar afecto a montones. Mucho lo han satanizado (casi literalmente). Lo cierto es que, con una buena crianza, el temido rottweiler puede convertirse en el compañero ideal de la familia. El secreto está en enseñarle ‘buenas costumbres’ desde muy pequeño: que socialice con otros canes y con los niños. “Si los pequeños se crían junto con los cachorros de esta raza, seguro que se va a fomentar una amistad para toda la vida”, explica Irma Ecos, veterinaria de Pet’s Care. En cambio, si el rottweiler tiene ya unos añitos encima, lo más probable es que no se adapte. “Los tres primeros meses de vida forman el patrón de conducta de esta especie. Por eso es importante tenerlo desde cachorro y reprimir aquellos actos que puedan ser considerados violentos”, refiere. En muchas páginas web lo describen como un can inteligente, amistoso, alegre, fiel, obediente y con disposición al trabajo. Es por esta última característica que suele ser considerado para defensa y resguardo. “Todo depende de la crianza”, asegura Ecos y agrega que hasta un gato podría convivir con este perro. Razón no le falta.