Además:

No se metan con mamá

2007/03/25
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Por ejemplo, a pesar de no ser creyente y haber profesado desde mi época de estudiante ideas progresistas respecto a asuntos como la sexualidad, el aborto o los derechos humanos, jamás he encontrado la menor cortapisa para expresar mi pensamiento en cuanto foro lo he hecho, ya sea en el campus o en los medios de comunicación. En cambio, sospecho que a pesar de mi profesión de fe freudiana y materialista, los valores cristianos de solidaridad, espiritualidad y amor al prójimo, están grabados a fuego en mi inconsciente, desde donde informan mis acciones y adhesiones. Este es un "sincretismo" interno del que voy tomando conciencia conforme pasan los años y me siento bien así. Estoy persuadido de que las miles de personas que han pasado por esa afortunada experiencia, deben tener testimonios análogos al mío. Por eso, aun cuando me estoy expresando en nombre propio, tengo la nítida sensación, mientras esto escribo, de estar representando a una gran fraternidad que se identifica con esos principios, esa exigencia, esa integridad. No es casualidad, en ese sentido, que los de Católica Letras seamos capaces de reconocernos después de intercambiar unas cuantas frases, o leer algunos párrafos escritos por alguien que estuvo ahí. Tampoco que la mayoría de mis mejores amigos a lo largo de la vida sean de Artes, Psicología, Literatura, Historia, Teatro, Ciencias Sociales o Derecho de la PUCP. Menos aun que gran cantidad de líderes de opinión y de los sectores más diversos de las elites nacionales, provengan de nuestra universidad (varios escribimos en este diario). Esta no es inútil vanagloria. Quizás no sea elegante recordarlo, pero es indispensable hacerlo ahora que se vuelven a cernir las sombras del oscurantismo sobre las luces de la Católica. Como no soy autoridad universitaria, no me ata ninguna obligación de reserva y voy a decir las cosas tal como las pienso, pues eso es lo que me enseñaron mis maestros tanto en la Plaza Francia como en el fundo Pando: las argucias legales del desconocido señor Muñoz Cho son el caballo de Troya con el que el cardenal Cipriani pretende apoderarse de la mejor universidad del Perú, a fin de someterla a las posiciones más retrógradas de la Iglesia. Señor cardenal, ¿por qué no se contenta con la Universidad de Piura o funda algún centro ad hoc de adoctrinamiento y represión, si esa es su fantasía? Sepa que si persiste en su intento avasallador no solo se va a topar con una sólida resistencia legal, tal como viene ocurriendo. El vínculo que tenemos los de la Católica con nuestra alma máter y entre nosotros, es más fuerte, genuino y trascendente que sus exaltadas homilías o programas radiales. De modo que se lo decimos con todas sus letras: si se meten con mamá, nos van a encontrar a todos al frente.