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“No podría escribir novelas románticas sin erotismo”

2008/12/12

Vino a Lima para presentar su libro Malena, relato de un amor imposible a comienzos del siglo XX en el barrio argentino de La Boca, en una atmósfera de tango. Florencia Bonelli era contadora y hoy es la abanderada de la novela rosa, género que espera revitalizar.

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"Trabajé muchos años como contadora, hasta el 2005. Yo trabajé en un organismo público, estaba especializada en la parte contable. Trataba de ser una burócrata con una sonrisa. Después lo dejé todo para dedicarme a escribir", cuenta. ¿Cómo llegó a escribir? Toda mi vida he sido lectora compulsiva. Nunca salgo de mi casa sin un libro en la cartera, porque no sé en qué momento me agarra una cola en el banco, en el metro, en el bus. Pero en el año 97 leí un libro que me conmocionó. Era una simple novela (alza los hombros), nada de Borges ni de Cortázar. Era de una inglesa, Edith Hull, El árabe, y disparó en mí un montón de escenas y me puse a escribir. No por nada mi primer libro es protagonizado por un árabe. ¿Qué escribía? ¿A qué hora? Escribía Lo que dicen tus ojos, mi primera novela. Lo hacía cuando volvía de trabajar. Luego de hacer las cosas de la casa, hacía la cena para mí y para mi novio en aquel momento, lavaba los platos y, después, me sentaba a escribir. En 2001 la volví a escribir, teniendo ya técnicas que había aprendido de un profesor escritor. ¿Fue frustrante conseguir editorial? Fue difícil. Yo soy de tendencia pesimista, aunque en esto pensaba que debía seguir. Pero, a veces, derramé lágrimas. ¿Y seguía trabajando? No. En el 97 le dije a mi novio que quería dejar de trabajar para dedicarme a esto y él estuvo de acuerdo en asumir los gastos. Pero, en 2005, como no ganaba un mango, volví a trabajar como contadora, en el Ministerio de Economía. ¿Qué sintió al volver a la oficina? Lloré, literalmente. Pero me tocó trabajar con linda gente. Fui feliz trabajando un año, porque después me llamó el sello Suma para que me dedicara a escribir. Desde entonces, el tema va en aumento. La novela rosa es menospreciada por escritores y críticos. No me importa. Es como si dijera que no le gusta el pescado. No lo coma. Pero lo que hay que transmitir a la gente, y especialmente a los niños, es que la literatura es un entretenimiento y punto. Si un libro aburre, se busca otro. Siempre hay un libro importante que, en algún momento, entra en la vida de la gente. Prefiero que los chicos lean en vez de estar estupidizados con el PlayStation. Pero, en el colegio, los profesores se empeñan en que detestemos la literatura dándonos a leer La celestina, el Mio Cid y el Quijote. Son obras maravillosas, pero es como darle caviar a un bebé, que solo come papilla. Con mis novelas quiero que muchas mujeres descubran la novela rosa porque no la conocen. ¿Cómo así? Los relatos de Corín Tellado salían en Vanidades, ¿no? Confieso que no la he leído, pese a que la admiro. Pero en las librerías no venden sus libros. Lo que pasa es que el género se autobastardeó. Como fue dominado por el mercado norteamericano, las tapas de los libros parecían de Playboy. Daban vergüenza. Yo veo a mujeres en el metro leyendo libros con tapas forradas y sé que están leyendo novelas rosa porque ¡yo misma he forrado esas tapas! Y las novelas son bellísimas. Generalmente son históricas. Lo otro es que el género ha sido denostado por sectores conservadores, debido a la presencia del erotismo, y por racionalistas, que consideran que son lecturas para estúpidas romanticonas. ¿Cómo aborda el erotismo? No podría escribir una novela romántica sin erotismo. Sería como un noviazgo sin besos. Hay mujeres a las que les choca –y hablo de jóvenes–. Bueno, les digo, sáltense esa parte. No se van a perder nada de la trama. La parte erótica es el resultado del amor y, por eso, a las mujeres nos gustan tanto esas partes. No estamos escribiendo erotismo por erotismo, ese es otro género. ¿Cree que la novela rosa refuerza el esquema de la chica en su casa? No. Mis novelas y las que leo no son así. Más bien, las protagonistas son fuertes; generalmente se salen con la suya, y el amor no es mezquino: ella quiere que él viva plenamente, y él quiere que ella lo haga también. Mi esposo me dijo: “Déjalo todo y ponte a escribir, yo pago”. El hombre y la mujer no estamos en contra, estamos juntos. Hay quienes piensan que la novela rosa es machista, pero eso lo dice gente que nunca la ha leído. ¿Así acaban sus novelas? ¡Final feliz, obviamente! Nunca jamás escribiré un final triste. Soy una lectora que escribe. Una novela romántica con final triste la tiro por la ventana.