Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
No deja de ser significativo que la crisis en las relaciones con Chile haya ocurrido justamente en la semana en la cual el Perú ha quedado consolidado en APEC como un socio estratégico en la región. A partir del próximo año, nos convertiremos en un imán para atraer inversión al ubicarnos en un lugar preferencial que hasta hoy solo venían ocupando México y, justamente, nuestro vecino sureño. Esta privilegiada posición la lograremos gracias al próximo cierre en las negociaciones de los tratados de libre comercio con Corea y Japón, lo cual, sumado al inminente acuerdo con los europeos más los ya firmados –EE.UU. y China, entre otros– nos llevarán a mediados del próximo año a tener garantizado con tratados el 75% de nuestro intercambio. Esa fortaleza de tener el acceso asegurado contra viento y marea a los mercados externos, que es fundamental no solo para nuestras actuales exportaciones sino también para futuras inversiones, solo la tienen hasta la fecha en Latinoamérica los dos países ya mencionados. Así que la tensión con Chile nos agarra cuando estamos por terminar de construir la plataforma para el despegue del país. Creo importante resaltar el momento tan expectante en el escenario económico en el que nos encontramos para no perder de vista la importancia de mantener el rumbo que venimos siguiendo. Ello debido a que ante la actual situación de tensión se van a escuchar demandas en creciente volumen para cancelar el acuerdo comercial con Chile o, incluso, para expropiar las inversiones sureñas en nuestro país. Al final de cuentas, recurrir a un vociferante patriotismo o a un anacrónico proteccionismo en momentos de crisis externa siempre logra atraer atención y permite disimular la falta de propuestas en las tiendas de donde provienen esas exigencias. Si nos dejamos descarrilar en nuestra ruta al bienestar renegando de la libertad en el flujo de bienes y capital, los más perjudicados serán los trabajadores peruanos. Mientras que el más beneficiado será justamente nuestro vecino sureño que ya no se verá amenazado por nosotros en su sitial de líder económico regional. Sin embargo, es innegable que, ante la hostilidad demostrada por Chile con sus compras de armas y su red de espionaje, no le queda otra alternativa a nuestro país que ponerse en guardia. Eso requiere ser agresivos en denunciar estos actos en el campo diplomático así como en fortalecer la capacidad defensiva de nuestros institutos armados. Lo cual no necesariamente implica la compra desesperada de costoso armamento como quisieran algunos, sino más bien exigirle eficiencia a la Fuerza Armada en el mantenimiento de los equipos así como en la preparación de sus efectivos. Los peruanos queremos vivir en paz, para lo cual necesitamos tener la capacidad de poder repeler a un invasor, pero no tenemos interés alguno en ser el agresor, por tanto se puede lograr un adecuado nivel de tranquilidad sin quebrar el banco ni descuidar otra prioridad. Pero lo más importante es no caer en la provocación del sur y perder el norte en nuestro camino a la prosperidad.