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“No nos ha ido bien ni en democracia ni en autoritarismos”

2011/10/04

“Mariana de Althaus, la dramaturga, es mi hija. Acaba de estrenar, en el CCPUCP, Criadero, obra que está muy buena, la recomiendo”, nos dice Jaime de Althaus, periodista que acaba de publicar La promesa de la democracia (Planeta).

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“El Perú me genera una gran voluntad de compromiso. Y, en general, me genera esperanza porque creo que es un país extraordinario. Hoy está, en términos generales, bastante bien enrumbado y tiene, como nunca antes tuvo, la posibilidad de lograrse como Nación y como Estado. Esto parecía amenazado en la última elección pero, tal y como vienen las cosas, parecería que se va a mantener el rumbo económico y el rumbo político. Es decir, la democracia no sería afectada”, nos dice Jaime de Althaus. ¿QUÉ NECESITAMOS PARA CONSOLIDAR NUESTRA DEMOCRACIA? Una clase media amplia. Nuestro gran problema está en que hemos tratado de implantar una democracia cuando aún no estaba desarrollada la base social suficiente. ¿NOS HA IDO MEJOR EN DEMOCRACIA? Ni en democracia ni en regímenes autoritarios. ¿QUÉ LE GENERAN LOS HALAGOS DE MUCHOS PERUANOS A DICTADORES COMO ODRÍA, VELASCO Y FUJIMORI? Esto se reflejó en las últimas elecciones, donde los candidatos que pasaron a la segunda vuelta eran personas que representaban una nostalgia por un gobierno fuerte, que ponga orden, que elimine la corrupción, que esté presente. Esto tiene que ver, repito, con el limitado desarrollo de una clase media extendida, una base ciudadana que aún no está madura, sobre todo en sus derechos civiles. Por eso, la mayor parte de la población no piensa en la democracia como una democracia liberal –que limita los poderes– sino como un gobernante fuerte y cercano, que solucione sus problemas. En los últimos veinte años, si bien el sistema de partidos se ha disgregado crecientemente –es un milagro que una democracia subsista así, pues somos una democracia sin partidos, algo que parece imposible–, se están creando las condiciones básicas para la formación de un sistema de partidos y la consolidación de un régimen democrático. EXPLÍQUEME ESTA PARADOJA… Por un lado tenemos una élite empresarial más identificada con el país –ya no es una élite mercantilista–, que está acostumbrada a competir, que se interesa por el desarrollo del país, que ya no busca privilegios, que se proyecta al mundo, que es mucho más seria y que en algún momento se va a volcar a la política. Esto se ve mejor en provincias, en los movimientos regionales, donde hay una multiplicación, aunque caótica, de movimientos políticos que expresan el incipiente desarrollo de burguesías locales que se han generado con el nuevo modelo económico. Aquí hay una nueva clase media emergente que, si se extiende y se consolida, se convertirá en la base real de una democracia que funciona. ¿QUÉ DEBEMOS HACER? Hay que consolidar derechos de propiedad, políticas de desarrollo rural en la sierra. Lo peor que podríamos hacer es extender los programas asistencialistas ofrecidos por el Gobierno, porque sofocan o rompen el espíritu emprendedor y generan una clase dependiente de la ayuda del Estado, que es lo peor que nos podría pasar pues, en última instancia, estaríamos creando una base clientelista, perfecta para un gobierno autoritario. USTED SEÑALA QUE LA DEMOCRACIA ESTÁ HECHA PARA CONTROLAR AL PODER, PERO QUE NO ES EFICIENTE PER SE… Huntington y otros politólogos señalan que la democracia no se creó para resolver los problemas sino para resolver el problema de la tiranía, para limitar el poder. Así aparecen las elecciones donde se prometen cosas que, luego, no se pueden cumplir. Esta es una debilidad intrínseca de la democracia. Al establecerse sistemas de control, se le resta capacidad de decisión y eficacia al poder. Sin embargo, a largo plazo, la democracia resulta eficiente pues contribuye al desarrollo de un Estado de derecho, donde no predominan las fuerzas arbitrarias del poder, sino la ley. Esto, en última instancia, crea el marco necesario que hace posible la inversión, el desarrollo y el crecimiento. Sin embargo, esto sucederá en el largo plazo. ¿TENEMOS PACIENCIA? Sí. Lo que sucede ahora es muy interesante pues, en la medida en que el modelo que se aplica hace 20 años le ha dado un mayor rol económico al interior del país y ha empezado a integrar al mercado a los sectores rurales, se han generado muchas más expectativas y exigencias en la población campesina. El levantamiento indígena exige mejor participación en el mercado, en la renta minera, en la renta fiscal... Hoy, la comunidad campesina quiere participar abiertamente en el mercado y se moviliza por exigir mejores condiciones de acceso a él. ¿NO SE MOVILIZAN PORQUE SE SIENTEN AMENAZADOS POR EL SISTEMA? No, no. Eso fue en el pasado. Hasta el 90, con el régimen populista y proteccionista, el sistema concentraba la riqueza en las ciudades y, especialmente, en Lima, es decir, el campo estaba desfavorecido. A partir de los 90 sucede al revés: hay una mayor demanda de productos del campo, los campesinos empiezan a crecer y han incrementado sus ingresos y su participación en el mercado. El ingreso ha subido más en los sectores rurales que en los sectores urbanos. Hoy hay una gran expectativa por participar, por incorporarse, por ser ciudadanos; por eso, la gente se siente con más derecho a participar, a reclamar, a exigir... DICEN QUE EL AMOR SE APRENDE. ¿LA DEMOCRACIA TAMBIÉN? La democracia no es natural, es el resultado de una evolución social y económica: desde que se tenga individuos plenamente integrados al mercado, autónomos, responsables, ciudadanos plenos, entonces la democracia se convertirá en un hecho casi natural, pues la gente querrá que se respete la ley.

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