Además:

No hay plata

2008/09/13

Cuando todos sienten que ya no les alcanza el dinero.

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La cola de los que dicen que la plata no les alcanza está creciendo, y ya no solo incluye a los ciudadanos comunes y corrientes que sienten que los precios de los productos básicos se incrementan y que su capacidad de compra se reduce como consecuencia de la inflación. También incluye a las entidades públicas de todo nivel debido a que el MEF ha puesto en marcha un plan para ajustar el presupuesto del próximo año y recortar los recursos disponibles para lo que queda del 2008, precisamente para atenuar los efectos de dicha inflación como el impacto negativo en el bolsillo de los más pobres y, en consecuencia, en la popularidad del presidente. Cuando llueve, todos se mojan, y el que no llora no mama. Entonces, esta semana todos han salido a gritar sus lamentos porque no les alcanza la plata. Desde el ministro de Defensa, los trabajadores de ese sector, el jefe del IPD, los municipios –a los que podrían reducirles en 50% los recursos para programas sociales–, los organismos reguladores de servicios públicos, hasta los gobiernos regionales, la mayoría de los cuales todavía observa con tranquilidad de 'calma chicha’ el sablazo presupuestal que les van a aplicar, pero que, sin duda, en cualquier momento le saltarán al MEF a la yugular. País de contradicciones y de volteretazos súbitos, pasamos de un aparente estado boyante, donde la plata sobraba tanto que no se podía gastarla toda, a un recorte que motiva un pliego de reclamos casi generalizado. Ni lo uno ni lo otro. No estamos pasando de la riqueza exuberante, a la bancarrota total, sino que el sector público debe reducir sus gastos ante la eventualidad de que los ingresos no sean tan altos como pensábamos. Por un lado, esto plantea el dilema de cuán profundo debe ser el recorte con el fin de que no se nos pase la mano y se ahogue innecesariamente a la economía. Por el otro, está pendiente la siempre postergada tarea de cuidar la calidad del gasto. En el gobierno se pasaron los primeros dos años, de paje a rey, tratando de gastar la plata con rapidez, pero sin mucho interés por cuidar que esta sea bien usada, es decir, en los fines correctos y con eficiencia. Por ello, ahora que se están aplicando algunos recortes, es el momento oportuno para mejorar sustantivamente la calidad del gasto público en el país.