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No es censura estalinista, es dictadura británica

2009/06/04
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Desde hace una semana, la gente de teatro más importante ha estado viviendo momentos de incertidumbre que parecen haber terminado en una insólita acción: el Consejo Directivo de la Asociación Cultural Peruano Británica –dueño institucional del Teatro Británico– habría decidido cancelar el montaje de La habitación azul, pieza que Mateo Chiarella está preparando en cumplimiento de un acuerdo serio y un contrato formalizado tiempo atrás. Al parecer, la insólita medida obedece a motivos morales. Quienes siguen de cerca el affaire cuentan que la conservadora presidenta de dicho consejo habría asistido a Respira, del peruano Adrianzén, habría visto en escena a Jesús bajándose de la cruz y a un sacerdote pederasta agrediendo a un niño, y habría decidido finiquitar, en el acto, la exitosa temporada. Al ser convencida de que no podía cancelar una obra premiada por su propia Asociación Cultural (el montaje era parte del premio), la presidenta habría optado por hacer entregar al público, junto con la entrada, un volante lavamanos. Con la moral en alerta roja, la presidenta habría, entonces, decidido revisar proyectos futuros y… pues, adiós Chiarella. También aseguran fuentes informadas que, de concretarse este despojo, Alberto Ísola retiraría, en solidaridad y protesta, el espectáculo siguiente, su montaje de Esperando a la carroza. Con lo que el bello Teatro Británico, reciente y costosamente remodelado, se quedaría a oscuras durante el resto de 2009 –no se espera que ningún teatrero serio acuda en auxilio de tan arbitraria presidenta–. ¿Censura estalinista? Algunos dirán que lo sería. Yo pienso, más bien, en dictadura. Cada quien tiene derecho a poner, o dejar de poner, en su propio teatro aquello que le dé la gana. Si la Asociación Cultural Peruano Británica quiere defender arcaicos criterios morales, pues que conceda el teatro (y admita como alumnos de inglés) solamente a quienes no toman, no beben, no fuman, no dicen lisuras (en ningún idioma) ni bailan pegado. Ese sería su rollo privado. Pero, si esta asociación Peruano Británica –que supuestamente representa los valores intelectuales, artísticos y democráticos del Perú y del Reino Unido– quiebra acuerdos formales por motivos morales o religiosos, pues, eso es dictadura ideológica de derecha, me parece a mí. Ojo, señora embajadora, que está en juego la imagen libertaria de la reina: una llamada por teléfono y, a lo mejor, la sangre no llega al río.